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Ninguna moneda emergente ha caído tanto como el peso en las últimas dos semanas. La divisa mexicana sufre las consecuencias de un cambio en la perspectiva de los inversionistas.

El peso ha perdido 8% en tres semanas. Vive su peor racha desde el 2016, cuando Donald Trump ganó la Presidencia. A fines del 2019, muy pocos esperaban que la divisa mexicana estuviera en 18.60 a mediados de febrero. Hace apenas un mes nadie esperaba que rompiera la barrera de los 20 por dólar en la primera semana de marzo. La bola de cristal se ha roto y es imposible hacer pronósticos. Todas las preguntas valen: ¿cuánto más caerá el peso?, ¿se recuperará?

No son factores made in Mexico los que mueven al peso por ahora. De hecho, la divisa mexicana ha perdido menos en lo que va del 2020 que otras monedas emergentes. El real brasileño registra un descenso de 13%, mientras que el rand sudafricano y el peso chileno marcan pérdidas superiores a 10 por ciento.

El coronavirus explica el debilitamiento del valor de las divisas emergentes, pero el virus no está actuando igual para el caso del peso de México que el de otras monedas. El real de Brasil y el peso de Chile, por ejemplo, empezaron a caer desde enero, como resultado de la caída de la demanda de materias primas por parte de China. El dragón es el principal comprador de cobre chileno y un enorme cliente para Brasil en alimentos y minerales.

El peso mexicano se mantuvo fuerte en la primera etapa de la crisis del coronavirus. Incluso ganó algunos centavitos frente al dólar, en aquellos días en los que el virus parecía que se quedaría en China. Las cosas cambiaron para la divisa mexicana a partir de la semana que comenzó el 24 de febrero. El reconocimiento de que la crisis había llegado a Europa y la certeza de que el problema no se resolvería pronto provocó una nueva ola de bajones en las divisas emergentes, por ejemplo, el peso mexicano.

Ninguna moneda emergente ha caído tanto como el peso en las últimas dos semanas. La divisa mexicana sufre las consecuencias de un cambio en la perspectiva de los inversionistas y especuladores. Se ha impuesto la idea de que el 2020 será un mal año, quizá pésimo. Esto significa que ha llegado el momento de abandonar todo lo que huela a riesgo y buscar refugio en activos aburridos que garanticen seguridad, aunque no ofrezcan rendimiento.

En la caída del peso no hay, por el momento, una valoración de factores internos. El 8% de minusvalía frente al dólar se puede explicar a partir de cosas que están ocurriendo en los mercados internacionales. La criptonita para el superpeso está afuera. Ha caído en los días en que caen las principales bolsas de valores del mundo. Se ha recuperado, algunos días, en concordancia con el avance de esos mismos mercados.

¿Es una ventaja que la caída del peso se debe a factores externos? No necesariamente. En primer lugar porque todo parece indicar que seguirá la volatilidad extrema de los mercados globales. Frente a ella, es muy poco lo que se puede hacer desde México. Es significativo que la fuerte baja de las tasas de interés por parte de la Fed no se tradujera en un fortalecimiento sostenido del peso.

¿Habrá recuperación de la divisa mexicana? La respuesta a esta pregunta es clave. Si el peso siguiera débil, más pronto que tarde esta debilidad meterá presión a variables internas: las gasolinas vienen de fuera y se pagan en dólares; también el maíz y otros productos de la canasta de alimentos. Esto significaría presiones inflacionarias y, también, en costos para algunas de los proyectos públicos más emblemáticos: Dos Bocas, aeropuerto de Santa Lucía y Tren Maya, por ejemplo. ¿se atreverá el Banxico a apostar por una fuerte baja de tasas, con el mar tan picado?