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A estas alturas del año pasado ya se advertía a los diputados y senadores que calcular un precio del petróleo tan alto como 79 dólares por barril en promedio para todo el 2015 parecía algo muy elevado por las condiciones del mercado.

La prudencia podía esperar para otro momento, porque los estimados del gasto que tenían sobre la mesa ameritaban mantener la ordeña fiscal a Pemex.

Cierto que nadie esperaba un derrumbe a los niveles actuales de 39 dólares por barril, pero un poco de prudencia al momento de calcular en el papel los ingresos del país hubiera al menos matizado el enorme recorte que se le hizo al gasto público tan pronto como enero de este año.

Para el 2016 están calculando altos los precios del petróleo, tanto como 50 dólares por barril. Está claro que no hay nadie que pueda pronosticar con certeza qué pasará con ese mercado. Pero si se trata de atinarle, la cordura es mejor consejera para un país que ya presenta focos amarillos en sus niveles de déficits públicos.

Con China y Estados Unidos en un proceso de desaceleración, Europa en deflación, los países emergentes todos con bajas en sus propuestas, es una apuesta riesgosa la estimación petrolera que hacen.

No conformes con las altas estimaciones petroleras, ahora la alquimia legislativa ya alcanzó al tipo de cambio que con un movimiento de varita mágica le han subido 50 centavos más al dólar y le apuestan a un peso débil.

Seguro que los diputados tienen claro que si aumentan las estimaciones del tipo de cambio, si ven un peso más débil, generan una distorsión anímica que seguramente llevará al peso frente al dólar más arriba. Se genera una profecía autocumplida en donde se estima un dólar caro y se logra un dólar caro.

A diferencia del precio del petróleo, en la paridad cambiaria sí hay factores internos que influyen en su precio. Y si bien es de esperarse que el cambio de la política monetaria de Estados Unidos habrá de mantener las presiones, en el momento que empiece a regularizarse el costo del dinero y suban las tasas aquí y allá, el peso podría iniciar un proceso de diferenciación que lo aprecie.

Y a la par que se sobrestiman estos indicadores, se relajan los ingresos a través de algunas modificaciones fiscales que son necesarias. Sin embargo, en lugar de financiar estas modificaciones con la obtención de recursos tributarios de otras fuentes o de recortar el gasto, simplemente se aplican las fórmulas más antiguas de la alquimia legislativa.

Lo que deben tomar en cuenta los senadores ahora que revisen todo el paquete de ingresos que recibirán mañana es que hoy los márgenes de endeudamiento y déficit público están muy acortados.

Los requerimientos de Pemex y de la CFE son una amenaza real para la estabilidad fiscal y si fallan los cálculos de ingreso, las consecuencias podrían ser perder el tan gastado pero necesario mote de ser un país que tiene finanzas públicas sanas.