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Juan y Marcelo, por el puro honor

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Carlos MarínEl asalto a la razón

Memoriosos, algunos televidentes recuerdan las conversaciones (cuatro) que sostuve la última semana de octubre para El asalto…

Memoriosos, algunos televidentes recuerdan las conversaciones (cuatro) que sostuve la última semana de octubre para El asalto… en pantalla con el abogado Juan Velásquez, quien con toda oportunidad, además de destripar jurídicamente la detención en Los Ángeles del general Salvador Cienfuegos, sugirió lo que legal, pero sobre todo políticamente, debía hacer el gobierno mexicano para salvar el honor nacional y resarcir el agravio a la dignidad del Ejército perpetrado por la administración del “amigo” Donald Trump: exigir a Estados Unidos la extradición del ex secretario de la Defensa Nacional.

La petición era improbable porque no había en México una investigación ministerial contra el divisionario y menos aún la necesaria orden de aprehensión. Sin embargo, así fuera por explicable coincidencia en el propósito esencial, esa misma semana, el 26 y 27 de octubre, el canciller Marcelo Ebrard reclamó verbalmente el hecho al embajador de Washington, Christopher Landau, y envió una nota diplomática expresando el “profundo extrañamiento” del gobierno mexicano.

Lo demás es público y notorio: se consiguió que el Departamento de Justicia estadunidense ordenara a la abusiva DEA y al fiscal del caso “desestimar” las acusaciones contra el divisionario y lograr su pronta repatriación.

Para mí lo relevante es que prosperó la idea sustantiva de Juan Velásquez: que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador estaba obligado a dar la pelea por la dignidad nacional.

Así lo recuerda Víctor Echeverría, quien expresa su felicitación “por las excelentes pláticas que detonaron en el extrañamiento tardío del gobierno mexicano ante la impotencia de muchos de sus gobernados para apoyar al general en esta situación vergonzosa para él y muchos paisanos”.

Se congratula porque AMLO rectificó su posición inicial (“crucificó a Cienfuegos al señalar que teníamos un narcopaís y corrigió: narcogobierno, y que esa detención era la prueba”).

Celebra también: “Qué pronto se ponen las cosas en su lugar y exhiben a los falaces con la desestimación de los cargos”, y remata con su indignación ante los “ignorantes y atrevidos” que azuzan a la Fiscalía General de la República para que al general se le persiga en México por los casos Tlatlaya, Iguala u otras “tantas barbaridades”.

En el blanco titula su correo Jorge Cisneros: “Le atinaron (me incluye) con el asunto de que a Cienfuegos lo van a investigar acá. Mañana podrías burlarte de todos los que hicieron sesudos textos acerca de El Padrino y tendrías razón”.

José Herminio Jasso Álvarez escribe: “En mi pueblo, cuando ya no había para dónde hacerse, los mayores decían: ‘Ni hablar, mujer, traes pistola’. En este caso debo reconocer que ocurrió lo que tú anunciaste. Nos regresaron al general, algo nunca visto y por eso inesperado.

Al final, la vida y los sucesos les dieron la razón. Lo reconozco y felicito a Velásquez y a ti por lo atinado de su postura…”.

Pésame.- Lamento sinceramente el fallecimiento de la profesora Candelaria Beatriz López Obrador.

  1. “Periodismo” infame

    Por más que los “periodistas digitales” con derecho de apartado que tanto consiente la oficina de comunicación de la Presidencia de la República jueguen el sucio papel de alcahuetes en las conferencias mañaneras, su encomienda no se limita al planteamiento de preguntas a modo y a obstaculizar el trabajo de reporteros genuinos: se prolonga durante el día para que desde sus cibermadrigueras sirvan de propagandistas de lo que entiendan por cuarta transformación

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