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Imposible que Meade decline a favor de Anaya - meade-cara-jpg-jpg-1348255499-crop1523824035853-crop1524683688370jpg-1853814124
Foto de El Elconomista

Ayer el periódico Reforma publicó una encuesta con base en la pregunta: ¿si hoy fuera la elección por quién votaría? El 48% de los encuestados expresó que por Andrés Manuel López Obrador; 30% dijo que votaría por Ricardo Anaya Cortés; 17% manifestó que lo haría por José Antonio Meade Kuribreña. Mientras que Margarita Zavala Gómez del Campo tuvo una intención de voto de 3% y sólo 2% de los encuestados manifestó que votaría por Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”.

El precitado ejercicio demoscópico, el primero al que el redactor de lo que usted lee tiene acceso después del debate del domingo 22 de abril, da cuenta de que el candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia”, sigue con el mismo porcentaje de preferencias que tuvo en la encuesta anteriormente publicada por el diario precitado. Conforme el mismo sondeo, Anaya Cortés subió cuatro puntos. Para el ascenso porcentual del aspirante de la coalición “Por México al Frente”, ‘cooperaron’,  por así decirlo, el candidato de la alianza “Todos por México”, José Antonio Meade con un punto; y los independientes Margarita Zavala y “El Bronco” con dos y un punto, respectivamente. Lo anterior significa que el voto duro del tabasqueño es inamovible.

Engallado por los cuatro puntos que subió en la susodicha investigación de Reforma, Anaya Cortés estrenó el discurso del voto útil, con un argumento que, lo que sea de cada quién, su máximo enemigo AMLO ha usado desde hace tiempo: el de proclamar que en todos los partidos hay gente buena que quiere sumarse a su proyecto.

Por su parte, el aspirante tabasqueño reveló que posee información fidedigna de una reunión que tuvieron los empresarios Alberto Baillères, Germán Larrea y Eduardo Tricio y los políticos Diego Fernández de Cevallos y Vicente Fox, con Ricardo Anaya en la que acordaron pedirle ayuda al presidente Enrique Peña Nieto para que éste ordene la declinación de Meade a favor del panista-perredista.

La especie —especie de chisme— dada a conocer por Andrés Manuel causó revuelo en el cuarto de guerra de la coalición “Todos por (lo que queda de) México”. Ese extraño ser que cobra sueldo como senador del PAN y que es vocero del candidato del PRI, el indecible maromero poblano Javier Lozano Alarcón, en entrevista con Ciro Gómez Leyva, dijo: “No puede haber voto útil para un inútil”.

Lo que es un hecho es que la declinación del postulante Meade para apoyar a Anaya es prácticamente imposible por varios motivos. Uno de ellos: la amenaza del joven queretano de meter a la cárcel a Peña Nieto, amenaza que no tiene nada contento al Ejecutivo. También debe de tomarse en cuenta la cuestión legal. Interrogado al respecto el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova Vianello, explicó que “si alguno de los candidatos decide renunciar o declinar, eso no significará que los votos emitidos por esa opción se transfieran a otra. Las coaliciones y partidos tienen oportunidad de presentar sustituciones, siempre que el caso de renuncia ocurra antes de 30 días de la jornada electoral”. Hizo ver que de ocurrir así “se trata de un acto político, no jurídico”.

Aquí, me atrevo a lanzar una interrogante para las lectoras y los lectores. En el supuesto caso que Meade declinara su candidatura para, con ello, ayudar a Anaya: ¿Adónde o a quién irían a parar los votos del declinante? Se los dejo de tarea.

OCHOA EN APRIETOS

Ayer se hizo efectivo lo que desde hace meses se decía, sotto voce, en el ambiente político, la renuncia de Enrique Ochoa Reza a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. El señor Ochoa se vio en la necesidad de renunciar a su alto cargo partidista en virtud de la Ley de Hilados y Tejidos que en su artículo primero y único establece que el hilo se revienta por lo más delgado.

Y es que no es lo mismo dirigir una flotilla de 200 taxis que un partido político; a Ochoa el, de por sí, desprestigiado PRI le quedó grande —como a Clavillazo le quedaban grandes los trajes—. Por más que tuviera vocación, mañas y tono de porro, el michoacano, egresado del ITAM, jamás mostró estatura para el debate propositivo y sensato, ni habilidad para atajar los ataques dirigidos al candidato bicolor del partido tricolor. Memorable fue la ocasión en que don Enrique mostró el cobre de la manera más vergonzosa, cuando al referirse a los priistas que se fueron a Morena los llamó prietos que no aprietan.

Y a propósito de prietos, a Ochoa Reza lo sustituye en la dirigencia priista el licenciado René Juárez Cisneros, que fuera gobernador de Guerrero de 1999 al 2005. Su último cargo en el gobierno federal fue el de subsecretario de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, desde donde estaba a las vivas y dispuesto a cualquier desaire.

Sólo falta que, fiel a su costumbre, don Enrique (cimiento) quiera cobrar, como lo hizo en su anterior empleo, una millonaria indemnización por el año, diez meses y 23 días que sirvió a su partido, si bien con ignorancia, también, hay que reconocerlo, con singular incapacidad.