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La nota del día no es que la mañanera cambie de sede de Palacio Nacional a Nueva York. Mismo contenido, diferente auditorio.

No, lo que hoy debe llamar la atención de los mercados son las mediciones inflacionarias que publica el Inegi. El Índice Nacional de Precios al Consumidor y el Índice Nacional de Precios al Productor correspondientes al mes de octubre.

Hay especial atención en los indicadores de inflación al menudeo, tanto la medición general como la que mide los precios subyacentes. Hay la expectativa de llegar a niveles máximos en más de una década.

Más allá de los datos, disponibles desde las seis de la mañana de hoy, lo importante será detectar dónde se pueden estar generando presiones en el corazón de la inflación y dónde puede haber un relajamiento en las quincenas por venir, como en los precios de los combustibles, que en este mes de noviembre ya muestran alguna reducción.

Con el dato de hoy lo que sigue es poder comprobar que, al menos, una mayoría de integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México se mantiene intransigente con la inflación y que este jueves deberá llegar un nuevo incremento en la tasa interbancaria a un día.

Sería deseable la unanimidad, porque refuerza el mensaje a los mercados, pero si no se logra, al menos que el discurso de los banqueros vaya en el sentido de divulgar los estragos que puede provocar una inflación alta entre la población, en especial en los que tienen menos ingresos.

Es verdad que una tasa de interés alta puede ahuyentar a los consumidores y más cuando falta un día para el inicio del Buen Fin, pero el daño económico y social que provoca el impuesto de la inflación es más pernicioso.

Sobre todo, porque en esta ocasión los salarios no parecen tener mucho margen de emparejarse con los incrementos en los precios de los productos y servicios ante la lenta y dispar recuperación económica.

El mensaje que manda la forma en que, eventualmente, se decida este jueves un nuevo aumento de la tasa de referencia del Banco de México será también un anticipo para los mercados de lo que pueden esperar del autónomo banco central a partir del próximo año.

Si se mantiene esa línea dibujada con tintes políticos en la decisión, aumentará el nerviosismo por el cambio en los equilibrios al interior de la Junta de Gobierno.

Si el enfoque para atacar la política monetaria restrictiva que ha implementado el Banco de México es político porque se crea que el banco central atenta contra el crecimiento con barreras monetarias, deberían considerar los efectos que tiene la inflación en una población que se empobreció más con la pandemia. O más claro, deberían considerar si los electores están contentos con la pérdida de capacidad de compra que sufren con la inflación.

Y si quieren más filtros políticos para comprender mejor las decisiones monetarias del banco central mexicano, que consideren la obsesión que tiene el presidente López Obrador con el tipo de cambio y cómo una actitud menos proactiva de la Junta de Gobierno podría implicar una depreciación más acelerada del peso frente al dólar.