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Supongo que el gobierno celebró el endoso de sus cifras de homicidios que hizo la revista The Economist, en general muy crítica de lo que pasa en México.

La revista valida con sus propios cálculos la medición oficial de México, según la cual los homicidios bajaron 37%. La tendencia es real, dice la revista, que omite sin embargo la crítica, frecuente en medios mexicanos, de que la caída de homicidios no debe medirse aparte de la cifra de aumento de desaparecidos, que son muertos no registrados.

El tema de los desaparecidos tiene un ángulo siniestro que diluye el argumento de que deben tomarse sus cifras como de homicidios. Cerca de 40% de las cifras de desaparecidos corresponde a mujeres desaparecidas: 80 desaparecidas por día.

Alrededor de 90% de los homicidios dolosos de México es de hombres, no de mujeres. Las mujeres desaparecidas no estarían hablando fundamentalmente de homicidios, sino de secuestros para redes de prostitución y trata.

The Economist reconoce el esfuerzo en el combate al crimen del gobierno de México y lo explica como destinado a proteger a los mexicanos, desde luego, pero también a calmar las pulsiones intervencionistas de Trump.

Han crecido los arrestos, dice, lo mismo que la captura de armas y drogas. Las cantidades de fentanilo que cruzan a Estados Unidos están bajando. La tendencia en seguridad es positiva, aunque la tarea por delante es “pantagruélica”, y convive, añado yo, con un aumento en la percepción nacional de inseguridad.

Regresar el monstruo de la violencia del sitio al que ha llegado tomará años, dice The Economist, y exigirá altas inversiones públicas en inteligencia, policías, fiscalías y procuración de justicia.

Una disonancia inexplicable en el esfuerzo mexicano por la seguridad es que la inversión en ese campo no solo es muy baja, 1% del PIB, sino que el presupuesto de la Secretaría de Seguridad para 2026 fue recortado en 18% (“Mexico’s surprising record on murder”, 13, nov., 25).

Conforme crecen los retos de crecimiento económico y renegociación del T-MEC, la inseguridad se vuelve clave.

Puede dar al traste con el T-MEC mismo, añado yo, y acelerar la rebeldía ciudadana, como con el asesinato de Carlos Manzo y la protesta de la Generación Z.