Nuestras tristes escuelas: el rezago

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Héctor Aguilar CamínDía con día

Desde siempre, tanto los logros como los estragos de la educación han sucedido en México lejos de la mirada de la sociedad. Las escuelas han sido tradicionalmente un espacio expropiado por el gobierno y el magisterio

Según la OCDE, el cierre de las escuelas durante el último año tendrá un impacto en la productividad de México equivalente a 4.5 por ciento del producto interno bruto.

Por la ausencia de habilidades que se hubieran adquirido en ese año escolar, México dejará de producir algo así como 1 billón 120 mil millones de pesos (https://bit.ly/2SQFnf3).

Se perdieron unas 217 clases presenciales, nos dice Rafael de Hoyos (Nexos, junio 2021), mientras que en Europa se perdieron en promedio 93 y en EU, 46.

A esto hay que agregar los impactos en deseducación y deserción por la larga clausura, aludidos ayer en este espacio. “Antes de la pandemia”, dice el Instituto Mexicano para la Competitividad, “los mexicanos alcanzaban en promedio aprendizajes correspondientes a tercer grado de secundaria.

Hoy, su conocimiento llegará solo al equivalente a primero de secundaria”. Al menos 10 millones de niñas, niños y jóvenes corren el riesgo de rezagarse en conocimientos que necesitarán después, al tocar las puertas del mercado de trabajo. “La clausura escolar”, agrega Gilberto Guevara Niebla, “afectó aspectos cruciales de la maduración personal en sus dimensiones cognitiva, emocional y moral” (Crónica, 21 de junio 2021). La deserción escolar es alarmante.

Según el BID, al menos 628 mil estudiantes mexicanos de entre seis y 17 años han interrumpido sus estudios debido a la pandemia y a las dificultades de acceder a la educación a distancia. (IMCO: “Educación en Pandemia: los riesgos de las clases a distancia”).

Desde siempre, tanto los logros como los estragos de la educación han sucedido en México lejos de la mirada de la sociedad. Las escuelas han sido tradicionalmente un espacio expropiado por el gobierno y el magisterio.

Alguna transparencia han traído las pruebas internacionales de conocimiento, como las de PISA, que comparan los resultados educativos mexicanos con los del mundo.

Y algún remedio debería derivarse de estas otras mediciones de improductividad y deserción escolar que nos advierten sobre los enormes daños provocados de estos meses funestos de escuelas cerradas y autoridades pasmadas, sin estrategias claras, ni educativas ni de las otras, contra el virus.

Frente a la pandemia, México ha sido el país de dejar hacer y dejar pasar.

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