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El 21 de junio en Salvatierra, Guanajuato, los tripulantes de una camioneta irrumpieron en un taller de motos y acribillaron a siete personas. El 4 de junio anterior, fueron balaceados en una casa cuatro personas, entre ellas una niña de cinco años.

Eran los últimos episodios de la historia de violencia que convirtió a Salvatierra en un cementerio clandestino. Literalmente. En febrero de 2020 despareció en el centro de la ciudad la maestra Guadalupe Barajas. Su teléfono fue desactivado una hora después de que hubo un retiro de 15 mil pesos de su cuenta bancaria.

El hecho, dice Héctor de Mauleón en su relato del caso, “lastimó profundamente a los guanajuatenses” (23 de junio 2021).

Nueve meses después, llegaron a Salvatierra equipos de gente que se dedica a la busca de desaparecidos. Habían recibido el pitazo de un miembro de la delincuencia organizada sobre la existencia de una fosa clandestina, en plena ciudad, donde los ejecutores del Cartel Santa Rosa de Lima enterraban a sus víctimas.

El pitazo, previsiblemente de una banda rival, resultó exacto. En el lugar señalado había 79 cuerpos enterrados a poca profundidad, casi “a flor de suelo”. “Además del espectáculo dantesco de los restos”, escribió De Mauleón, “ante los ojos de los buscadores emergieron los objetos que habían pertenecido a las víctimas: sus zapatos, sus llaveros, sus ropas, sus pulseras, sus collares.

“Emergieron también los diabólicos objetos empleados por los asesinos. Machetes, palas, tenazas, cuchillos. Herramientas para despedazar y para sepultar.”

En la fosa estaban los restos de la maestra Guadalupe Barajas. Su hermano, el abogado Javier Barajas Piña, era parte ya de la comisión estatal que buscaba desaparecidos. Los dueños de la fosa clandestina no se resignaron a su pérdida. Al parecer decidieron cobrar el pitazo de sus rivales en los buscadores.

Una medianoche de mayo pasado, escribe De Mauleón, “cazaron en una calle de Salvatierra al hermano de la maestra Guadalupe. Le dieron 15 tiros. No hubo reclamos. Tampoco escándalo. No pasó nada”. Se cobraron así la pérdida de su fosa.