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Para el 2015 hay una red de coberturas.

Si el petróleo se mantiene en los precios actuales, o incluso más bajo, podría contribuir a una recuperación más sólida a economías como la de Estados Unidos o incluso podría apuntalar la alicaída economía europea.

Pero precios muy bajos para el petróleo venezolano, mexicano o iraní podrían provocar serios problemas financieros a este tipo de economías tan dependientes de los hidrocarburos.

Irán es quizá uno de los países más petrolizados en sus finanzas, pero su lejanía y su cerrazón impiden dimensionar el tamaño de los problemas que hoy deben enfrentar con los barriles del crudo en 70 dólares por barril.

En el caso de Venezuela es más evidente lo que sucede porque los regímenes venezolanos desde hace muchas décadas se han dejado caer hacia atrás a la seguridad del petróleo como fuente de ingreso para financiar sus programas de gobierno.

A la corrupción reinante el siglo pasado en esa economía se sumó el populismo exacerbado de Chávez y Maduro que han llevado a la destrucción de las cadenas productivas de ese país y todo por la zona de confort que ha dado este siglo el precio del petróleo.

No hay un solo intento de corrección de esa política que habrá de llevar el próximo año a Venezuela a una crisis mayor de abasto e incluso sin descartar una suspensión de pagos de sus obligaciones financieras internacionales.

En el caso de México se logró para el próximo año garantizar el presupuesto a través de una red de coberturas que en combinación con una estimación alta de la cotización peso–dólar logren completar el gasto público del próximo año.

Cualquier desviación de la estimación de ingreso se va directo a incrementar el desequilibrio de las finanzas públicas, de ahí las veladoras para que todo cuadre el próximo año.

Pero la situación del 2016 es otra cosa. El gasto público tiene una inercia que no se puede cortar tan fácil de un año a otro; si un programa de infraestructura de gran envergadura requiere presupuestos multianuales, difícilmente se le puede hacer una asignación menor.

En el caso del gasto social es peor esta situación, porque implicaría dejar de beneficiar a millones de personas en caso de un recorte. Y ya vimos que a pesar del discurso de austeridad, la verdad es que los poderes de la unión son todo menos ahorrativos en este país.

Si el petróleo bajara a niveles de 50 o 60 dólares por barril tampoco se puede explorar la vía fiscal porque este gobierno juró y perjuró que no tocaría las contribuciones tributarias ni con el pétalo de un aumento al IVA. Así que el gobierno se cerró esa puerta en la cara.

Y por supuesto que un mayor endeudamiento y un mayor desequilibrio en las finanzas públicas es algo totalmente inadmisible ante los desequilibrios que ya arrastra la economía mexicana.

Así que a pesar de que todavía no acaba el 2014 y que está recién aprobado el presupuesto del 2015, más vale empezar a hacer cuentas de qué hacer para el 2016 en caso de que la dependencia petrolera que arrastramos obligue a este país a contar con fuentes alternas de financiamiento.