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La resiliencia de la economía mexicana y sus mercados financieros ha aumentado de forma muy notable en lo que va de este siglo.

Los cambios estructurales de las instituciones encargadas de conducir las políticas fiscal, financiera y monetaria le han proveído un blindaje que resiste muchas de las ocurrencias y altibajos de la política.

En el México endeble de mediados de los años 90, aquel de las decisiones centralizadas y el tipo de cambio fijo, era suficiente una carta de renuncia de un secretario de Gobernación para provocar una enorme volatilidad y pánico en los mercados.

Hoy los mercados aguantan ocurrencias mañaneras cotidianas sin despeinarse. Pero todo tiene un límite.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha demostrado que compra ocurrencias con facilidad de aquellos que tienen acceso al primer círculo. Ha hecho suyas, entre otras, las ideas retrógradas en materia energética, el pleito con España y ahora está de vuelta la idea de echar mano a la reserva del Banco de México como el cofre del tesoro para los planes de la 4T.

Hay ocurrencias, como rifar el avión presidencial, que son inocuas en los mercados. Otras, como las iniciativas legislativas para regular las comisiones bancarias o meterse con la autonomía del Banco de México, sí causan sobresaltos.

Los límites están puestos en el cálculo que se haga de las posibilidades de que esa cotidiana lluvia de ocurrencias pueda llegar al terreno de los hechos a través de decretos o modificaciones legales.

Dice el Presidente que la idea de usar los Derechos Especiales de Giro del Fondo Monetario Internacional es de su secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O. Eso hace que más de uno levante la ceja y regrese a revisar el planteamiento.

Primero, porque son pinceladas del pensamiento del nuevo secretario de Hacienda y después porque un “ultratecnócrata” como Ramírez de la O puede conocer caminos más precisos para llegar hasta las bóvedas del Banco de México.

Aun así, ahí están las leyes. Los lineamientos del banco central y el uso y disposición de los activos de reserva están muy bien detallados en la Ley del Banco de México.

Ya hay en algún rincón de la congeladora legislativa algunas iniciativas para usar las reservas de activos internacionales del Banco de México en proyectos de la 4T. Pero como no pasan ni siquiera la prueba de la ortografía, ahí están para el anecdotario.

Queda claro que, al interior de la Junta de Gobierno del Banxico, sumando la postura del subgobernador Gerardo Esquivel, no habría consenso para mandarle un cheque de las reservas internacionales al Presidente a Palacio Nacional para que lo use a su gusto.

Pueden desde la 4T querer destruir al INE y toda norma electoral que les impida hacerse de todo el poder, pueden querer las llaves de la caja fuerte del Banco de México, pueden querer muchas cosas, pero los diques institucionales que México ha construido en tantas décadas lo impiden, hasta ahora. Y eso hace que para los mercados todo quede en meras anécdotas de los tiempos políticos que vivimos.