Minuto a Minuto

Nacional Ejército despliega mil 170 elementos en tres estados para reforzar la seguridad
El despliegue de los elementos militares tiene el objetivo de reforzar la seguridad y contener la actividad delictiva
Nacional El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, llega a México
El canciller Juan Ramón de la Fuente recibió al presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, en Quintana Roo
Internacional Trump afirma que EE.UU. desconocía que Israel atacaría un campo de gas en Irán
Trump advirtió que Israel no atacará el campo de gas Pars Sur en Irán, salvo si este vuelve a atacar refinerías en Qatar
Internacional Mueren cuatro mujeres en Cisjordania por impacto de misiles iraníes
Las mujeres murieron a consecuencia del ataque por parte de Teherán contra suelo israelí que afectó al sur de Cisjordania
Internacional Guerra en Oriente Medio vive una importante escalada: Zovatto
Si el conflicto se traslada al ataque de campos o centros de producción de petróleo o de gas, las consecuencias económicas de esta escalada bélica podrían ser extremadamente graves

Hace cuatro años que Luis González de Alba, escritor de registros únicos y uno de los hombres más libres de México, pone al calce de sus artículos de MILENIO:

“¿Y el asesinato de Gonzalo Rivas, quemado vivo por los normalistas que incendiaron —con nobles fines— la gasolinera donde trabajaba?”.

En columnas recientes, González de Alba nos ha recordado en detalle el caso del que habla. Se trata de la muerte de uno de los responsables del servicio de una gasolinera en la caseta de Chilpancingo, en la autopista de cuota México-Acapulco.

Rivas murió por las quemaduras causadas durante su intento de evitar la explosión de la gasolinera, incendiada por normalistas de Ayotzinapa, el 12 de diciembre de 2011.

Los normalistas habían bloqueado la autopista y tomado la caseta para cobrar el peaje. La policía acudió a desalojarlos.

Durante el enfrentamiento que siguió, los normalistas fueron a la gasolinera donde estaba Rivas a pedir gasolina para hacer bombas molotov. Rivas y los otros responsables se negaron.

Los normalistas cruzaron a la gasolinera del otro lado de la autopista, consiguieron la gasolina y volvieron a la gasolinera de Rivas, con una garrafa llena, para darle un escarmiento.

Rociaron una de las bombas de la gasolinera y pusieron la garrafa con los restos de gasolina encima. Luego echaron un cerillo al suelo y salieron corriendo. Lo mismo hicieron los empleados de la gasolinera.

Gonzalo Rivas no corrió. Fue por el extintor de reglamento para apagar la bomba, sabiendo que sus llamas podían hacer estallar los depósitos de combustible subterráneos que conectaban las gasolineras de ambos flancos de la carretera.

Cuando Rivas se acercó a apagar la bomba con el extintor, luego de cerrar las válvulas de seguridad, la garrafa de plástico se estaba derritiendo. Explotó encima de él y lo bañó de gasolina en llamas. Rivas murió de las quemaduras varios días después, el 1 de enero siguiente.

Durante el enfrentamiento en la caseta, los policías dispararon y mataron a dos normalistas. Estos son los muertos que se recuerdan de la jornada, salvo por Luis González que pregunta hace cuatro años, al pie de sus artículos:

“¿Y el asesinato de Gonzalo Rivas, quemado vivo por los normalistas que incendiaron —con nobles fines— la gasolinera donde trabajaba?”.

[email protected]