Expectativas y realidades económicas

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Leopoldo GómezTercer Grado

La encuesta que mide el ICC deja ver que el alza registrada no responde a las evaluaciones sobre la situación actual, sino a las expectativas de mejoría para las familias y para el país en los próximos 12 meses

A pesar de que los pronósticos de crecimiento económico vienen a la baja, la semana pasada se informó que el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) repuntó hasta alcanzar niveles no vistos desde 2001.

Típicamente, estas percepciones se mueven en sintonía con los datos duros de la economía: crecimiento, empleo, inflación, tasas de interés y paridad cambiaria. Sin embargo, en esta coyuntura, la confianza de los consumidores se disparó aun sin haber registro de mejoras sustantivas en estos indicadores económicos.

La encuesta que mide la confianza de los consumidores deja ver, en forma significativa, que el alza registrada recientemente no responde tanto a las evaluaciones sobre la situación actual, como a las expectativas de mejoría para las familias y para el país en los próximos 12 meses.

¿En qué se basa ese optimismo? Fundamentalmente en la esperanza que ha generado el inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. En esencia, hoy el Índice de Confianza del Consumidor está midiendo la enorme aprobación del Presidente.

Algo similar, pero en sentido contrario, sucedió en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Pese al crecimiento sostenido de la economía durante ese sexenio, en 2017 la aprobación presidencial tuvo una caída histórica y la confianza de los consumidores llegó a niveles tan reducidos como los registrados en 2009, cuando la economía se contrajo cinco por ciento.

El momento actual se parece más bien al inicio del gobierno de Vicente Fox. En ese entonces, las muy altas tasas de aprobación presidencial estaban asociadas a índices de confianza incluso superiores a los de ahora. Y todo eso mientras la economía se contraía.

El grueso de la sociedad mexicana tiene grandes esperanzas y las expectativas de la gente animan una confianza que, aunque no se corresponde con los datos duros de la economía, sí puede tener un impacto positivo en su desarrollo.

Sin embargo, para mantener el optimismo, no bastan las expectativas de la sociedad. Se requiere que la economía crezca y que, en efecto, las condiciones de la gente mejoren. Al final, son las realidades las que siempre acaban por imponerse.