EU y China: ¿quién quiere la guerra comercial?


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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

Muchas industrias que dependen del libre comercio internacional se verían perjudicadas. Perderán también los consumidores, porque produciría alzas de precios.


Foto de Reuters

¿De dónde viene esa confianza de Trump? Al mandatario estadounidense lo asesora en materia comercial Peter Navarro, un personaje obsesionado con detener a China. En el 2005 escribió un libro, Death by China: Confronting the Dragon. En el 2015, otro libro cuyo primer capítulo se llama “¿Habrá guerra con China?”.

Donald Trump ha convertido a Navarro en uno de sus cortesanos más influyentes. Bajo la influencia de este académico, el presidente de Estados Unidos ha ido endureciendo el mensaje contra China. Esto es notable en las últimas cinco semanas, que coinciden con la promoción de Navarro a un puesto que le permite sentarse junto a Trump en las reuniones de estrategia económica de la Casa Blanca.

Los inversionistas temen un guerra comercial entre Estados Unidos y China. Piensan que sería una calamidad y que no habría ganadores. Los más pesimistas piensan en lo ocurrido en la década de los 30 del siglo pasado: las guerras comerciales fueron el prólogo de una guerra militar a gran escala.

Falta ver cómo reaccionará China a las sanciones de Estados Unidos. Pueden apostar a que no se quedará con los brazos cruzados. En términos económicos, las sanciones equivalen a 10% de las exportaciones de China a la Unión Americana. En el espacio simbólico, la retórica de Trump ha sido muy agresiva. Acusa a China de hacer trampa.

En la otra esquina está Xi Jinping, un político nacionalista que acaba de recibir permiso del Congreso Nacional del Pueblo para gobernar toda la vida.

Xi ha prometido una gran renovación del pueblo chino y convertirlo en la mayor potencia mundial.

Durante los cinco años que Xi ha sido presidente de China, ésta ha ido redoblando su desafío a Washington. Pekín no está dispuesto a seguir validando un orden mundial diseñado sin  su consentimiento y dominado por Estados Unidos. La construcción de islas en el mar de China es parte de esta estrategia de provocación o reacomodo. Se trata de poner fin a la hegemonía estadounidense en el Pacífico Occidental, donde se encuentran las rutas marítimas más importantes del mundo.

¿Estados Unidos quiere una guerra comercial con China? Con Trump, no se sabe. Quizá sólo sea una medida de presión, pero con Pekín tampoco se sabe.

Las medidas contra China venían preparándose desde agosto del año pasado. Algunos de los argumentos estadounidenses tienen fundamentos.

China cobra 25% de aranceles a los coches de Estados Unidos, mientras que sus vehículos pagan sólo 2.5% por entrar. Esas son las reglas de la OMC. Contra ellas se rebela Trump.

Los mercados caen por la incertidumbre. Empresas como Boeing sufren más porque viven de la diplomacia económica y tienen uno de sus mayores mercados en China. Junto a Boeing, muchas industrias que dependen del libre comercio internacional se verían perjudicadas.

Perderán también los consumidores, porque una guerra comercial produciría alzas de precios. Casi la mitad de la ropa y el calzado que se vende en Estados Unidos es Made in China.

Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar. Por qué no ponemos a Trump a hacer planas, hasta que entienda lo que dice…hasta que comprenda lo que hace.

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