¿Un T-MEC con todo y británicos? Eso va a tardar

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Enrique CamposLa Gran Depresión

La salida del Reino Unido de la Unión Europea fue producto de una ocurrencia de campaña del entonces primer ministro David Cameron quien usó el tema supuestamente para afianzarse en el poder

Los electores del Reino Unido pertenecen a este grupo de ciudadanos del mundo que en un arranque de inconformidad apoyaron en las urnas opciones radicales que acabaron por ser remedios más perjudiciales que la enfermedad.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea fue producto de una ocurrencia de campaña del entonces primer ministro David Cameron quien usó el tema supuestamente para afianzarse en el poder.

Todo le salió mal, los ciudadanos que respaldaron el Brexit fueron más que los que querían quedarse y empezó toda esa historia, de repercusión mundial, que hoy tiene a los británicos buscando su nuevo lugar en el mundo.

Hoy, la distancia entre la isla británica y el bloque europeo es más significativa que el mismo Canal de la Mancha que los divide geográficamente y por ello quieren apegarse, sobre todo en el terreno comercial, con otros destinos.

Su estrategia, a la que llaman La Gran Bretaña Global, que es un plan mucho más ambicioso que solo alcances comerciales, ha llevado al reino a la firma de 60 diferentes acuerdos. Y si bien tienen un codiciado acuerdo con Japón, no tienen la joya que le falta a la corona de la Reina, que es un tratado comercial con Estados Unidos.

Y es otra vez un juego de visiones políticas lo que impide que dos socios naturales puedan compartir un acuerdo que alcance el comercio, las finanzas y hasta mercados tan sensibles como el laboral.

Porque, así como un arranque populista los sacó de la Unión Europea, así un acercamiento entre Donald Trump, ex presidente de Estados Unidos y Boris Johnson, primer ministro británico, hoy pone en duda la prioridad de un acuerdo de esa naturaleza para el gobierno demócrata de Joe Biden.

Seguro que cuando el Presidente demócrata ve la apariencia física del premier inglés no puede dejar de pensar en el parecido con su antecesor Donald Trump. Pero no es sólo la apariencia, es la urgencia que tenía Trump de pactar con Jonhson la que hoy mete pausas en la agenda bilateral.

Por eso, cuando algunas fuentes del gobierno británico deslizan a la prensa la posibilidad de que su acercamiento a Estados Unidos sea por la vía de incorporarse al acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, hay que entenderlo como retórica negociadora para conseguir su objetivo real que es un pacto con Washington.

No hay que desgastarnos en encontrarle siglas a un nuevo pacto donde estén los británicos (¿T-MECRU, T-RUMEC, T-EUMRUC?) porque la clase de acuerdo que los británicos persiguen con Estados Unidos rebasa los sueños más salvajes de integración de México con América del Norte.

La realidad es que hoy se ve lejano ese proceso de integración sajona que tanto impulsó Donald Trump, sobre todo porque Biden tiene un poco más de inclinación pro europea y no querrá dañar susceptibilidades con sus socios del bloque.

Por ahora, México y el Reino Unido acaban de publicar, hace apenas unos meses, un Acuerdo de Continuidad Comercial que les permite a las dos partes mantener las condiciones de intercambio existentes en la etapa previa al Brexit.

Buscar algo más ambicioso entre ambas partes tiene que pasar primero porque el Reino Unido resuelva su situación con Estados Unidos y eso va a tardar.

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