Hay un grupo de políticos, y ciudadanos en general, que se sumaron al proyecto de Andrés Manuel López Obrador desde diferentes frentes totalmente ajenos a lo que en México se hace llamar izquierda.

Fueron personas decepcionadas de lo que veían en la política que le creyeron a López Obrador. Sobre todo, cuando se mostraba conciliador y abierto a tener un gobierno libre de venganzas y con una supuesta transformación de la vida pública del país. Candidez o buena fe, como sea, esos personajes ayudaron en su triunfo presidencial.

Entre los políticos que escucharon ese canto de las sirenas hubo algunos que se decepcionaron y tuvieron el valor de bajarse del movimiento de López Obrador ante el evidente engaño de un Presidente que decidió mantenerse como jefe de camarilla y renunció a la gran oportunidad de convertirse en un estadista con muy alta aceptación.

Otros, en el nombre del puesto logrado o por el temor a las represalias, que hoy son evidentes a quien piensa diferente a la 4T, han decidido mantenerse cercanos a este régimen, aunque claramente estén profundamente decepcionados.

Apenas ayer, el propio Presidente le hizo un gran regalo a su primer secretario de Hacienda, Carlos Urzúa. Aseguró que su salida del gabinete se debió a que el Plan Nacional de Desarrollo que presentó era como los de antes.

Si hacemos memoria, el primer planteamiento del plan de acción de este régimen tenía congruencia. Pero rápidamente fue sustituido por una serie de enunciados sin sentido que acompañaron la salida de Urzúa del gabinete. Ese deslinde es un regalo para el exsecretario.

Queda claro que a partir de ahí, en la Secretaría de Hacienda, no abría más que un ornamento a las decisiones que se asumieran en el despacho presidencial.

Ayer López Obrador hizo algo más que justificar la salida de Urzúa, quien hoy no se cansa de cantarle sus verdades en la prensa. El Presidente dejó claro por qué otra integrante de su gabinete, evidentemente también desilusionada del resultado de la 4T, debería tener la determinación de dejar a este régimen.

Tatiana Clouthier Carrillo tiene algo más que un ilustre apellido panista y un pasado en ese partido, tiene una forma de pensar que claramente contrasta con las políticas de la actual administración.

La muy destacada coordinadora de campaña de López Obrador ha sido una muy atacada y desmentida secretaria de Economía.

Desde esa dependencia Clouthier ha mantenido una visión mucho más parecida a lo que necesita este país que al populismo que se espeta diario desde las mañaneras. Eso ya debería tener un límite para la sinaloense.

Tiene toda la lógica someter a revisión los autos que circulan en México cuando ya tengan ciertos años de uso. Y más en estos tiempos en los que las calles de muchas ciudades se inundan de autos chocolate regularizados con fines políticos.

La NOM-236 de la Secretaría de Economía cuida la vida humana, pero cuesta. Y si cuesta entonces implica perder popularidad. Así que, sin más, López Obrador acusa a la secretaría que encabeza Clouthier de querer bolsear a la gente.

Y no es que esta funcionaria no sea capaz de tragar un sapo más, porque así es la política. Lo que queda claro es que es incompatible su forma de pensar con los estilos populistas de la 4T.