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El único viaje que, como presidente de México ha hecho Andrés Manuel López Obrador al extranjero, fue a la Casa Blanca en plena campaña de reelección de Donald Trump. Los mensajes en el Jardín de las Rosas no dejaron duda de la intensión electoral de esa presencia.

Un posible encuentro entre el propio López Obrador y el Presidente que derrotó a su amigo Trump no es prioridad hoy en Washington, DC. Y si se da, no tendría ese mismo tono festivo.

Joe Biden no ha mostrado interés en atender personalmente los temas de la agenda bilateral México-Estados Unidos. El Presidente estadounidense delega los temas a las oficinas correspondientes.

Hay un asunto en especial que hace de México un tema presente en la opinión pública y ese es la migración.

Donald Trump se encargó de hacer de la inmigración ilegal a su país un parámetro de éxito o fracaso de gobierno. Eso dejó sembrada la semilla para su eventual regreso al poder en el 2024. Por lo tanto, hay presión sobre los demócratas para atender con buenos resultados la agenda migratoria.

Uno de los asuntos que molesta en las encuestas de popularidad de Joe Biden es precisamente el incremento en el número de ilegales que han cruzado la frontera. Por ello, el Presidente designó directamente a su vicepresidenta, Kamala Harris, para que atendiera ese tema que, por su implicación política, supera al Departamento de Seguridad Interior.

Y en la relación con México ese es un mensaje muy poderoso. El contacto de más alto nivel que ha tenido la 4T con funcionarios estadounidenses es con la responsable del tema migratorio.

Es la vicepresidenta Harris la que visita en México al presidente López Obrador, es ella la que habla por teléfono con el propio mandatario el lunes y la que hace que el martes el Presidente reciba a su delegación encargada de asuntos migratorios.

Claro, México presume que logró más vacunas regaladas y relanzar el mecanismo del Diálogo Económico de Alto Nivel, pero la misión de la vicepresidenta Harris es garantizar que el plan migratorio estadounidense se cumpla.

La estrategia recién detallada por la Casa Blanca para frenar el flujo ilegal de migrantes desde Centro América, pasando por México, hacia su territorio incluye no sólo prevenir la violencia, la violación de los derechos humanos y la extorción de los migrantes.

El plan del presidente Biden, que debe ejecutar la vicepresidenta Harris, busca atacar las causas de raíz y ahí están muy claros asuntos como democracia, Estado de derecho, corrupción y libertad de prensa. Asuntos que la Casa Blanca quiere que el gobierno mexicano tenga muy claros.

Pero en las pistas de la propaganda a la mexicana nos entretenemos con los preparativos para un eventual encuentro de López Obrador con Joe Biden.

Cuando está claro que ese encuentro está lejos de ser una prioridad del presidente Biden. Lo que sí le interesa es que se frenen ya las olas de migración y se mitiguen las tentaciones migratorias de millones de personas.

Está claro que la administración demócrata no quiere la foto de Biden con López Obrador, como la montó Donald Trump. Lo que quieren son resultados en ese tema que hoy ocupa a la opinión pública de su país.