En menos de dos semanas arranca en Glasgow, Escocia, la 26ª Cumbre de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP26). Es, además de un encuentro de enorme trascendencia, una prioridad para el gobierno de Joe Biden, presidente de Estados Unidos.

Tenemos que llevar nuestras máximas ambiciones posibles a la COP26, dijo Biden hace unos días tras una reunión virtual con líderes del mundo en preparación para la cumbre.

Y seguro que apoyar un programa electoral para sembrar arbolitos, que ha acabado por deforestar más de lo que ayuda, no parece que pueda ser una prioridad ecológica del gobierno estadounidense.

Antes en México se pagaba por cuidar los bosques, hoy los queman o los cortan para sembrar las plántulas del programa “Sembrando Vida” del que reportan que más de la mitad ya se secaron.

Y con todo y la premura de afinar los últimos detalles de la COP26, hoy estará en México la máxima autoridad del presidente Biden en materia de cambio climático, John Kerry.

El ex secretario de Estado con Barak Obama visitará hoy junto con el presidente Andrés Manuel López Obrador la frontera de México con Guatemala. Y claro que estará presente la insistencia del gobierno de la 4T de exportar su programa forestal, por supuesto que insistirá López Obrador en que Estados Unidos destine recursos para ello y sin duda que no dejarán de presionar para que se llame “Sembrando Vida”.

Seguro que John Kerry, quien es un político amable y experimentado, escuchará al Presidente de México, podría tener que aguantar otra vez el chiste de: tan cerca de Dios y no tan lejos de Estados Unidos, y no rehuirá a tomarse todas las fotos que quiera el gobierno mexicano.

Pero tampoco es difícil de anticipar que el responsable del cambio climático de La Casa Blanca habrá de dejarle a López Obrador el claro mensaje de que Estados Unidos espera un compromiso firme, decidido con el combate al calentamiento global por parte de México, empezando por el sector energético.

El gobierno demócrata ha sido terso con el gobierno mexicano, hay enorme satisfacción del papel de muro migratorio que hace la 4T, pero también hay claridad de los impactos económicos, comerciales, políticos y medio ambientales de la pretendida contrarreforma energética que López Obrador envió al Congreso.

A Kerry le tocará externar la preocupación por esa obsesión del gobierno cuatroteísta con los combustibles fósiles. Quemar carbón y combustóleo para generar electricidad, en lugar de dar prioridad a la generación de energía solar o eólica, saboteando a los particulares con un cambio a la Constitución, no es precisamente lo que esperaría Estados Unidos de uno de sus principales socios comerciales y vecino. Mucho menos a 15 días de la COP26.

Y lo dijo claramente hace unos días el propio John Kerry: para cuando termine la cumbre de Glasgow podremos saber quiénes están del lado de lo justo y quienes no.

John Kerry llega entonces con un mensaje importante para la 4T, puede haber una foto y hasta algo de dinero para el programa asistencialista del presidente López Obrador. Pero alinear las políticas energéticas hacia el cuidado medioambiental y el respeto de los acuerdos internacionales, no puede estar a discusión.