No han dejado de empeorar las expectativas inflacionarias en todo lo que va del año. Desde un estimado para el Índice Nacional de Precios al Consumidor de los expertos que consulta el Banco de México de 3.65% en enero, hasta el 6.60% de la encuesta de octubre pasado.

Pero en lo que hay consenso, al menos entre los casi 40 grupos de análisis que consulta el Banxico, es que el camino correctivo debería iniciar tan pronto como arranque el 2022 y además esperan que lo haga prácticamente en picada hasta lograr un cierre inflacionario, el próximo año, en niveles de 3.93 por ciento.

Hay presiones estacionales en el mundo por la concentración de actividades económicas al cierre del año, por los cuellos de botella industriales, por las presiones en los precios de los energéticos por el invierno boreal, entre otros factores que se entrecruzan con el resto de los efectos de la pandemia.

El punto es que para que esta expectativa se materialice es indispensable que los bancos centrales logren su cometido de hacer creer a los mercados que harán todo lo que deban para evitar que estas inflaciones altas se perpetúen en las economías.

En el caso de nuestro país, al Banco de México le esperan dos meses complejos, porque es el tiempo que tiene la autoridad monetaria para convencer a los mercados que será intransigente en reencausar la inflación hacia su meta de 3% más, menos un punto porcentual.

Son los meses más complejos, por esas presiones inflacionarias globales, pero también por ser el bimestre previo a un cambio que podría ser radical en la forma de procesar las cosas al interior del banco central mexicano.

Hoy, la expectativa es que en la reunión de la siguiente semana haya un incremento de un cuarto de punto o hasta medio punto porcentual en la tasa de interés interbancaria a un día. Y que en la reunión a celebrarse el día de la primera posada de diciembre se pudiera complementar esa visión restrictiva con otro cuarto de punto adicional de aumento.

Por sus votos anteriores, pero sobre todo por la hosquedad de sus argumentos, se prevé que haya un voto disidente a esa política más restrictiva. Y posiblemente una más de las integrantes de la Junta de Gobierno se sume a la postura de no subir más las tasas con la idea de no afectar el desempeño de la recuperación.

Es previsible que la mayoría que respalde los eventuales aumentos recuerde que el Banxico tiene un mantra que reza que su objetivo casi único es cuidar el valor de compra de la moneda, no procurar la expansión económica y que hoy es cuando para actuar.

Pero el balance dentro del banco podría cambiar el primer día de enero con el relevo que viene. Y a pesar de que la expectativa es que la inflación baje en tobogán desde el arranque del 2022, es indispensable que no deje de haber una autoridad monetaria firme.

No podría haber peor escenario para la inflación, y hasta para el tipo de cambio, que recular en una postura hawkish. Sobre todo, si coincide con el momento en que aquel pesado monstruo monetario que es la Reserva Federal inicie el camino de alza en las tasas de interés en Estados Unidos.

La expectativa es que en la reunión de la siguiente semana haya un incremento de un cuarto de punto o hasta medio punto porcentual en la tasa de interés interbancaria a un día.