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Se ha vuelto una situación frenética el poder anticipar el comportamiento de los mercados financieros. Los analistas técnicos se vuelven locos porque a sus modelos en estos tiempos siempre les faltará el imponderable estado de ánimo del presidente de Estados Unidos.

Esta semana, como prácticamente cualquier otra, sirve de perfecto ejemplo de cómo con un solo tuit, o una declaración, Donald Trump es capaz de cambiar la dirección de los indicadores bursátiles o cambiarios.

Más allá de hechos tan importantes como amenazar con aranceles a Argentina o Brasil, o volar a Europa tras lanzar un misil comercial contra Francia, lo que más tensión genera es la guerra comercial que mantiene con China y lo cambiante que es el discurso de las partes.

No se puede aspirar a un poco de paz bursátil cuando parece que estaría cerca un acuerdo en principio entre ambos gigantes y repentinamente Trump suelta la bomba de un reconocimiento a los manifestantes de Hong Kong.

Vamos, no hay duda de que cualquier grupo que luche en pro de la democracia debe ser bien visto, pero ése es justo el tipo de temas que encoleriza a los chinos.

Cuando Trump dice que no le urge un acuerdo comercial con China y que puede esperar a que pasen las elecciones, bajan las bolsas. Cuando al día siguiente se filtra que podría haber un entendimiento pronto, suben las bolsas. Y así los participantes de los mercados se la pasan de susto en susto, moviendo sus piezas a toda velocidad.

Lo cierto es que más allá del juego financiero de minimizar los riesgos en los mercados y de tratar de adelantase a los arranques del presidente estadounidense, lo que hoy está en juego es la propia estabilidad de la economía estadounidense en su conjunto y, con ella, la estabilidad de la economía global.

Mientras el gobierno de Estados Unidos juega a las vencidas comerciales con los chinos, todos los agentes económicos viven con el temor de que este escarceo acabe en una recesión económica.

No hay realmente señales serias de que la economía estadounidense esté cercana a esta condición de decrecimiento, pero hay algunos indicadores que pueden ser focos amarillos, como el dato de empleos creados en el sector privado que reporta la firma ADP.

Se crearon en noviembre pasado 67,000 plazas laborales, cuando el mercado esperaba 140,000 nuevos puestos en el sector privado. Mañana se publican las nóminas no agrícolas estadounidenses y ya hay dudas de que se puedan alcanzar las 189,000 plazas esperadas en noviembre pasado.

Un debilitamiento que se note en la economía estadounidense debería ser razón suficiente para moderar la belicosidad de la Casa Blanca. Pero se trata de Donald Trump y la realidad que el eje de sus decisiones no pasa por su interés en la estabilidad económico-financiera de su país.

Lo que hoy mueve al presidente de Estados Unidos es su plan de reelegirse y, de paso, encontrar la forma de sacudirse el proceso de destitución que le ronda. Nada más.