o hay que imaginar mucho lo que pensaron los miembros del Consejo de Seguridad ante la arenga mundial del presidente López Obrador. Las respuestas del escucha ruso y del escucha chino reflejan lo sucedido.

El ruso marcó la tecla, simple pero demoledora, de que el mandatario mexicano había ido a la ventanilla equivocada de la ONU. Había ido a hablar de pobreza, impuestos imaginarios y economía amorosa al Consejo de Seguridad, un lugar donde se habla de seguridad, poder y conflictos entre poderes nacionales.

El oyente chino recordó que en la ventanilla de la seguridad mundial y la conversación entre potencias, el principio de igualdad entre soberanías nacionales es consustancial a los acuerdos.

Añadió que la idea de imponer obligaciones globales, desde fuera de esas soberanías, era simplemente… estar en la ventanilla equivocada.

El Presidente de México fue a plantear a esa ventanilla equivocada una versión rudimentaria, ahora extendida al mundo, de la transformación que quiere para México, la transformación que consiste en atender a los pobres prioritariamente repartiendo el dinero que tienen los ricos.

No ha podido dar el primer paso de su propuesta al mundo en su propio país: cobrar impuestos a los ricos y a las grandes empresas para llevar a los pobres la felicidad social prometida. Lo más que ha propuesto en México el presidente López Obrador de lo que le propuso al mundo es reasignar el presupuesto para programas sociales de dudosa consecuencia social.

No han faltado en la prensa mexicana los reflejos del pasado que celebraban como lecciones imborrables para el mundo discursos de presidentes mexicanos que ninguna prensa del mundo registraba. Pero ha pasado mucha agua bajo el puente desde aquellos salvamentos del poder internacional de México y lo que la prensa mexicana de hoy reporta es, en esencia, lo que pasó: El Presidente de México fue al lugar equivocado a decir el discurso equivocado, no solo por su tema sino por su infinita ingenuidad. Y por su ostensible ignorancia de los resortes elementales del poder y de las relaciones internacionales. Ay, sus asesores. ¿No podían haberle dicho, al menos, que era la ventanilla equivocada?