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Lo que sigue es presionar para que los aumentos sean graduales y que se haga explícito que el alza será mesurada.

Los mercados financieros saben que van a perder la comodidad de los dólares abundantes y eso los ha hecho caer en un proceso de duelo, porque saben que van a extrañar aquellos días de desenfreno patrocinados por la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).

Y como todo buen duelo, la primera reacción de los dolientes fue la negación; algunos no la han podido superar e insisten en que no es posible todavía que la Fed termine con la tasa cero en su indicador de referencia.

Sucedió lo mismo cuando terminaron los planes de liquidez (las tres versiones del Quantitative Easing); había quien no aceptaba la realidad de que la inundación de los billetes verdes terminaría.

En esa fase de negación, los analistas sacaban sus estadísticas de empleo y de producción industrial, de consumo e inflación. Demostraban con los números en la mano que la economía estadounidense no estaba preparada para elevar el costo del dinero sin afectar la incipiente recuperación.

De ahí pasaron al enojo, como siguiente fase de su duelo, donde la molestia con el ruido provocado por la autoridad monetaria era más que evidente. Es cierto que una estrategia tan sui géneris, que en su momento levantó la economía, habría de provocar distorsiones en su aterrizaje.

La incertidumbre provocada por el cambio en la política monetaria de Estados Unidos ha sido uno de los principales factores que han provocado la inestabilidad financiera global y esto ha provocado pérdidas importantes a muchos países y tesorerías que culpan a los que despachan en el banco central estadounidense.

Tal parece que muchos de los espectadores financieros están iniciando una fase de negociación con miras a enfrentar el primer aumento de la tasa de interés dentro de dos semanas.

Desde el comunicado del Comité de Mercado Abierto de la Fed de la reunión de política monetaria pasada, se ha incrementado el porcentaje de los que asumen que llegó el momento de subir el costo del dinero.

Entonces y ante ello, lo que sigue es presionar para que los aumentos sean graduales y que hagan pública y explícita su intensión de subir con mesura y gradualidad el costo de los dólares.

El escenario ideal que buscarían obtener es un calendario de aumentos para el 2016 y que al final del año la tasa de interés no pasará de 1 por ciento. Algo no tan difícil de pronosticar por ahora ante la realidad de que sí es lenta la recuperación económica estadounidense.

Eso implicaría una claridad de los planes futuros de la Fed que hasta ahora no ha existido. Sería deseable, pero quizá imposible, porque en estos tiempos son tantos los factores que influyen en la toma de decisiones de política monetaria que se podrían comprometer a algo que no podrían cumplir y eso corre en contra de su propia credibilidad.

Así que entre los que lo niegan, los que se enojan y los que ya negocian, todos tienen prácticamente la certeza de que este próximo 16 de diciembre subirá la tasa de referencia, quizá un cuarto de punto.

De la claridad y pulcritud que tenga la Fed para este movimiento dependerá el poder dar el siguiente paso en este proceso de duelo hacia la aceptación y la normalidad financiera a la que tanto aspiramos.