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A diferencia de los coqueteos con China que costaron caro al gobierno anterior en la relación con Washington, la 4T aceptó en el T-MEC no firmar acuerdos comerciales con economías que no sean de mercado (capítulo 32, artículo 32.10. (Non-Market Country).

Sin embargo, el rechazo de México a los vínculos con China no debe ser sólo por negocios: debe constituir una posición moral, porque China es una dictadura que no se somete a reglas universales y trampea con la depreciación artificial de su moneda.

Apostarle a China va contra la lógica de la geopolítica y los intereses estratégicos y comerciales. China no es un país confiable porque comercia mercancía triangulada, pirata y fabricada en cárceles para disidentes y enfermos mentales.

La posición moral hacia China debe conllevar a exigirle abrir los campos de trabajo forzado de Laogai, donde recluye a miembros de Falun Gong, católicos, disidentes y vagabundos, para fabricar mercancía vendida en los dutty free de nuestros aeropuertos.

De hecho, uno de los peores errores registrados durante el sexenio pasado fue otorgar la frustrada licitación por el tren de alta velocidad México-Querétaro (valuado en tres mil 750 millones de dólares) a la empresa china Railway Construction Company.

Porque México se estaba yendo con la competencia de su principal socio comercial, mientras que éste le declaraba la guerra económica con un mensaje de Obama a la nación:

“China desea establecer las reglas con el crecimiento más rápido del mundo. Eso pondría a nuestras empresas en desventaja. ¿Por qué deberíamos dejar que eso ocurra? Somos nosotros quienes vamos a fijar esas condiciones”.

Pero la 4T ha sido más pragmática (pese a ser aliada ideológica de los socios de China en el bloque bolivariano del “socialismo del siglo 21”) al aceptar la obligatoriedad de informar a sus socios en el T-MEC informar si busca acuerdos con Non-Market Country.

Aunque, además, la obsesión del gobierno anterior con China era absurda. Se daba en medio de condiciones adversas: del intercambio bilateral, unos 50 mil millones de dólares son para China y alrededor de cinco mil millones para México.

Aquella fascinación por los chinos provocó que Peña y los dos inquilinos de la Casa Blanca que le tocaron nunca tuvieran química. Trump lo dice a cada rato: “Me gusta mucho más este presidente de México que el anterior”.

De hecho, Obama excluyó a México del acuerdo con la UE que, con potencial de 459 mil millones de dólares, revitaliza las relaciones transatlánticas y busca contener el auge de China, devolviendo al mundo libre la fijación de las reglas del juego de la economía global.

Ahí es donde tiene que estar México junto con Estados Unidos y en contra de China: en el mundo libre.