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La verdad es que la 4T no es la creadora de muchas de estas decisiones económicas que tanto daño hacen a la economía mexicana. Son simplemente refritos de muchas de las políticas de aquel priismo de mediados del siglo pasado que son, al final, parte de la escuela del actual gobierno.

Precios controlados, tarifas subsidiadas, asistencialismo social, prebendas a sindicatos y determinados grupos sociales, todo con cargo al gasto público. Son viejas prácticas de la política mexicana que durante los últimos años del Siglo XX y las dos primeras décadas del actual se fueron eliminando poco a poco.

Muchos contratos colectivos de no pocos trabajadores al servicio del Estado son un buen ejemplo de esos altos costos para el país.

Aquel priismo de la “dictadura perfecta” mantenía aceitada su maquinaria electoral con ese tipo de “conquistas” laborales en aquella torcida visión de que México administraba la abundancia.

Otro ejemplo de los altos costos del populismo lo podemos ver en el Metro de la Ciudad de México. Un sistema de transporte que inició como ejemplo entre países en desarrollo y que daba viabilidad urbana a la capital del país, pero que cayó en las fauces del populismo cuando se congeló el costo de la tarifa.

Los pocos que se han atrevido a subir el costo del pasaje han sufrido consecuencias políticas importantes.

El Metro enfrenta condiciones lamentables desde hace muchos años, pero los actuales gobernantes, alumnos del más recalcitrante populismo, no sólo no van a modificar la tarifa para darle viabilidad, sino que recortan los presupuestos de mantenimiento para desviarlos a las dádivas clientelares que les permitan aspirar a mantenerse en el poder.

Ese sistema de asistencialismo descontrolado y discrecional que ha puesto en marcha el actual gobierno federal será uno de los boquetes para las finanzas públicas más grandes y difíciles de controlar en los años por venir. Las dádivas generan obligaciones, pero pueden llegar a cantidades insostenibles para los ingresos públicos.

Y ahora está en marcha una de las prácticas populistas más costosas para la economía, el populismo en los precios de los energéticos.

Los priistas del siglo pasado que pensaron que el petróleo caro y basto era para siempre en México y destinaban enormes partidas presupuestales para subsidiar combustibles baratos para los consumidores-electores. Algo que no tiene ningún sentido ni económico ni ecológico.

Los presidentes panistas, los dos, nunca se atrevieron a acabar con esa aberración de subsidiar la gasolina. Y el priista que se atrevió a liberar los precios hace apenas cuatro años pagó su decisión con la derrota electoral.

Ahora, Andrés Manuel López Obrador abre la Caja de Pandora de los subsidios a los energéticos con el gas LP y según lo que le marquen las encuestas rumbo al 2024 podría ampliar la asignación de recursos públicos a otros combustibles.

Este viejo camino del populismo priista del siglo pasado que hoy emprende López Obrador será muy costoso para el país y difícil de erradicar cuando se retome un poco de congruencia y sentido común en la economía.

Estamos en el camino de repetir una calamidad económica por habernos olvidado de la historia.