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¿Por qué el gobierno federal convoca al Instituto Nacional Electoral (INE) y no a los Servidores de la Nación para ser observadores del proceso de votación sindical en la planta de General Motors de Silao, Guanajuato, que concluye esta noche?

Porque si algo buscaba la Secretaría del Trabajo era dar la certeza al gobierno de Estados Unidos, que ahora sí, el proceso de legitimación del Contrato Colectivo de Trabajo de esa planta armadora de autos sería transparente.

Lo que ahora mismo sucede en esa ensambladora automotriz es un parteaguas que va más allá de una eventual sanción a la planta de General Motors en Silao y el retiro del trato preferencial en Estados Unidos, que ya sería un asunto grave por sus 6,000 trabajadores, es la primera intervención directa del gobierno de Washington DC, con el aval de México vía el T-MEC, en un caso de claro abuso sindical.

Es, de paso, un reconocimiento explícito de una dependencia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador de que el INE no es una institución inútil y sí es un observador altamente confiable.

Lo que ahora mismo ocurre en Silao no puede ser visto como la batalla entre los trabajadores que quieren ser libres de las presiones de las viejas organizaciones sindicales. Hay una batalla entre sindicatos, pero que tiene que ser lícita y transparente.

Es cierto que el viejo corporativismo sindical goza de cabal salud y que en muchos casos sindicatos y empresas se coluden en perjuicio de los trabajadores. Pero también es verdad que hay otras organizaciones sindicales que hacen todo lo posible por arrebatar una rebanada del jugoso pastel de la representación laboral y las cuotas sindicales.

Como sea, en el desaseado proceso de ratificación del Contrato Colectivo de Trabajo que suspendió la Secretaría del Trabajo (STPS) en abril pasado había suficientes irregularidades como para llamar la atención del gobierno estadounidense, país de origen de esa armadora.

Son conocidas las historias de cómo muchos sindicatos arreglan sus conflictos con amenazas, golpes, colusiones o fraudes. Pero en este caso específico, la ventana que abrió el T-MEC a la injerencia en temas laborales por parte de Estados Unidos permitió estrenar el Capítulo 23 del acuerdo comercial de América del Norte que contempla esa vigilancia tripartita de la libertad sindical.

La puerta que entre ayer y hoy se abre para las relaciones entre las empresas, los trabajadores y sus sindicatos apunta hacia un cambio radical que debe ser positivo para los trabajadores y muy malas noticias para muchas organizaciones sindicales que han vivido cómodamente de la opacidad y muchas veces de la complicidad con los empleadores.

No podemos perder de vista que hay organizaciones sindicales que saldrán beneficiadas si se echa para atrás el Contrato Colectivo de Trabajo de la planta de Silao. Pero hay que reconocer que la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde se aventó la conducción de la apertura de este mecanismo del TMEC que está llamado a reconfigurar muchas relaciones entre sindicatos y trabajadores.

Y de paso, quizá sin querer, le mandó el mensaje a su jefe de que el Instituto Nacional Electoral es mucho más útil y creíble de lo que constantemente se queja en las mañaneras.

El TMEC, la guía
Batalla

Lo que ahora ocurre en Silao no puede ser visto como la batalla entre los trabajadores que quieren ser libres de las presiones de las viejas organizaciones sindicales. Hay una batalla entre sindicatos.

Cambios

La puerta que se abre para las relaciones entre las empresas, los trabajadores y sus sindicatos apunta hacia un cambio radical que debe ser positivo para los trabajadores y muy malas noticias para las organizaciones sindicales.

6,000 trabajadores tiene la planta de GM en Silao.