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No recuerdo un momento de la vida pública de México donde la agenda de las mujeres haya tenido más visibilidad, más acuerdo social, mejores causas y mayor conocimiento del problema.

Importa la fuerza del movimiento, pero importa también la calidad de su saber acumulado en todos los órdenes.

Aunque los asuntos más urgentes sean el feminicidio y la violencia, en estos años las mujeres han acumulado una enorme cantidad de estudios y miradas críticas sobre otras formas de la discriminación de género: en el salario, en la representación política, en las políticas públicas, en las diferentes formas de acoso y desigualdad.

Un ejemplo de la calidad del conocimiento acumulado en feminicidio y violencia es el informe reciente de Data Cívica, Open Society y el Programa de Derecho a la Salud del CIDE: “Claves para entender y prevenir los asesinatos de mujeres en México”.

Un excelente recuento de los pasos dados por el movimiento a favor de los derechos de las mujeres durante la última década, puede leerse en el texto de Isabel Fulda:

“Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven” (Nexos, enero 2020).Fulda no hace cuentas alegres ni mucho menos, pero su texto deja la impresión de que la lucha por la igualdad de género no es un estallido, sino una marea.

Y que los estallidos que leemos en los diarios son síntomas de un movimiento mucho más profundo, que parece maduro para tomar la escena y hacerse cargo de su propia implantación en las instituciones del Estado y en la transformación de las costumbres.

El gobierno se empeña en dar una lectura política corta a este movimiento, pero se queda aislado. La verdad, como apunta Fernando Escalante en su artículo de MILENIO ayer, es que el apoyo a la causa de la igualdad de las mujeres, está en todas partes: empresarios, sindicatos, partidos, universidades.

Parece buen momento, según Escalante, para un acuerdo nacional que “transforme definitivamente la vida de las mujeres”, un acuerdo “con compromisos precisos, leyes, instituciones, presupuesto, programas, estrategias, mecanismos de evaluación”.

La fuerza del momento femenino, dice Escalante, sugiere que “súbitamente otro país es posible”.