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Lo que sigue es que se sea verdaderamente austero en el gasto corriente, responsable en el social y proactivo en el de inversión.

En aquellos días de principios de siglo, cuando los priístas todavía no asimilaban su derrota presidencial ante Vicente Fox, tomaron el Congreso como el epicentro de su venganza política y la parálisis inducida alcanzó al presupuesto del 2002, que no quedó aprobado a tiempo.

Para cubrir la violación a la Constitución, se sacaron de la manga aquello del reloj legislativo. La entonces diputada Beatriz Paredes operó en los terrenos del dios Cronos y logró que todos se hicieran de la vista gorda ante la impericia de los diputados de entonces, de todos los partidos.

El recurso se instauró desde entonces y de vez en cuando el Congreso mexicano echa mano de ese poder de dominio del tiempo.

El Presupuesto de Egresos del 2015 no parece tener como problema el tiempo; la fecha que se han planteado los diputados es el jueves 13 de noviembre, dos días antes del plazo para terminar.

A estos congresistas les han tocado algunas de las más importantes reformas de los últimos años, en buena medida por la cooperación opositora, y han logrado una hermandad legislativa pocas veces vista en este país.

La verdadera historia del paquete no está entonces en la forma sino en el fondo.

Ni siquiera es un tema de cabildeo y reparto entre entidades o dependencias, es un examen extraordinario del cambio de modelo que impulsó el PRI en esta fase de regreso al poder.

Con la reforma fiscal recaudatoria que impusieron el gobierno federal y el Congreso, cambiaron la manera de evolucionar de la economía de este país. Se restó preponderancia a los agentes económicos para destacar la intervención estatal en la actividad económica.

Con una tasa más alta de impuestos indirectos, con menor posibilidad de reinversión de utilidades y de deducción de gastos, ataron las manos de empresas y familias que durante este año han tenido que postergar decisiones de gasto e inversión.

Las evidencias son muy claras en los niveles de confianza del consumidor y de productos, en los indicadores de ventas al menudeo, en cualquier referencia al mercado interno.

Lo más grave del 2014 es que el gasto público, que si bien ha aumentado de manera muy importante, no ha suplido esos niveles de crecimiento que propiciaba la Iniciativa Privada.

La Ley de Ingresos para el 2015 no cambió nada de ese modelo, mantiene la posición recaudadora, poco promotora, del esquema fiscal. Lo que sigue es que el gasto público sea verdaderamente austero en el gasto corriente, responsable en el gasto social y proactivo en el gasto de inversión.

Hay proyectos de infraestructura importantes para el próximo año tanto en materia de comunicaciones y transportes como de energía, lo que sigue es ver su impacto en la economía. Sin embargo, su efecto positivo no va en función de lo grande de un aeropuerto sino de su capacidad de encadenar a los sectores productivos, por ejemplo.

El presupuesto del 2015 debería ser la prueba final del modelo de mayor intervención estatal en la economía a través de castigar más a los contribuyentes cautivos. Si no arroja los resultados deseados, deberían gobierno y Congreso regresar por la vía fiscal su vocación de impulsores de la economía a los integrantes de la Iniciativa Privada.