“… de buena estatura y cuerpo, y bien proporcionado y membrudo, y la color de la cara tiraba algo a ceniciento, es no muy alegre; y si tuviera al rostro más largo, mejor le parecería, y los ojos en el mirar amorosos y por otra parte graves, las barbas las tenía algo prietas y pocas y ralas, y el cabello que en aquel momento  se usaba de la misma manera que las barbas, y tenía el pecho ancho y la espalda de buena manera, y era cenceño, y de poca barriga y algo estevado de las piernas y muslos bien sacados…”

Bernal Díaz del Castillo

El joven Hernán Cortés - imagen-1
Grabado basado en la medalla realizada por Weiditz donde aparece “Ferdinando Cortes” durante su madurez, después de haber concretado la conquista de Tenochtitlán.

Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano, a quien pertenece esta descripción, nació en el año de 1485 en la ciudad de Medellín en la región española llamada Extremadura dentro del seno de una familia de hidalguía. Su padre fue Martín Cortés y su madre catalina Pizarro Altamirano.

Su primer biógrafo, López de Gómara, afirma que su padre, Martín, fue en su juventud un hombre de armas o escudero con un éxito mediano, mientras que su madre, como era costumbre en aquellas épocas, se dedicaba al hogar. A pesar del poco éxito logrado por el padre de Cortés en la carrera militar, su familia no sufría de carencias económicas, pero tampoco vivían con lujos o de forma holgada.

Hay poca información sobre la infancia y la juventud de Cortés. Su biógrafo nos dice que fue hijo único, pero existen indicios que posiblemente tuvo dos o tres hermanas ya que al consumarse la conquista, varios sobrinos buscaron el favor del tío para establecerse en sus dominios. Se sabe que fue un niño muy enfermizo. A los 14 años empezó sus estudios de gramática y latín en Salamanca, pero al poco tiempo regreso a su ciudad natal tal vez por falta de recursos económicos o porque simplemente no estaba hecho para las aulas de clase.

También sabemos que Cortés hablaba, entendía y escribía el latín. Aunado a esto, tenía amplios conocimientos en leyes debido a que trabajó con un notario en Valladolid de quien aprendió el oficio. Al ser hijo de un militar de hidalguía, desde pequeño fue entrenado en el manejo de la espalda y de otras armas, así como en el arte ecuestre.

El joven Hernán Cortés - hernan
Retrato de Hernán Cortés que se perdió durante la guerra civil española. Se encontraba en el Ayuntamiento de Medellín a inicios del siglo XX. Aún existen debates si se trata del conquistador o de un caballero de Santiago del siglo XVI.

En la España del siglo XVI un hidalgo sin riquezas, pero de sangre “noble” tenía dos opciones para labrarse una vida. La primera era partir a Italia con el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, quien se encontraba guerreando en Nápoles velando por los intereses de los reyes católicos y de España, o probar suerte en las recién descubiertas Indias occidentales, esperando sobrevivir el largo y peligroso viaje marítimo hasta La Española.

Gómara asevera que el joven Cortés decidió embarcarse  en la flota de Nicolás de Ovando, pero días antes, al cortejar una mujer casada sufrió un accidente y enfermó, por lo que tuvo que dejar escapar dicha oportunidad. Hernán siempre fue famoso por meterse en problemas por cortejar mujeres, ya fueran casadas o solteras. Se sabe que debajo del labio inferior tenía una cicatriz, doloroso recuerdo de un duelo que libró por el amor de una mujer en su tierra natal. Incluso en Isla Fernandina, hoy Cuba,  siguió con el mismo tipo de problemas por causa de una mujer llamada Catalina Xuárez Marcaida, de quien platicaremos más adelante.

Finalmente este joven aventurero logra embarcarse a las Indias en el año de 1504, cuando tenía apenas 19 años. Se instaló en Santo Domingo, capital de La Española. Se sabe que en aquellos tiempos compartía cuarto con otros tres compañeros e incluso el capote, el cual se turnaban para usarlo cuando salían a las calles. Gómara comenta que era tan grande su orgullo y honor que después de la hora de la comida, portaba un palillo entre los dientes haciendo alusión a lo satisfecho que estaba a pesar de no haber comido nada durante todo un día.

Ayudó a pacificar parte de la isla, por lo que mejoró un poco su condición económica al recibir algunas tierras. También ocupó el puesto de notario de la villa de Azúa. Su suerte mejoró cuando Diego Velázquez lo invitó a participar en la conquista de Cuba en 1511. Gracias a su esfuerzo en la conquista de la isla, también conocida como Fernandina, le fue otorgada una encomienda con mano de obra indígena, por lo que empezó a amasar una inmensa fortuna.

Para 1519, ya era uno de los hombres más ricos de la isla. En su encomienda desarrolló la actividad agrícola a través de plantaciones. También importaba diferentes productos de España como: vino, ganado porcino y manufacturas para revenderlos. Para realizar estas actividades comerciales, adquirió varias embarcaciones, lo que nos dice mucho sobre su capacidad económica. Aunado a esto, Diego Velázquez lo nombró alcalde de Santiago de Cuba.

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Detalle de la ilustración realizada por Christopher Weiditz para la cual posó Hernán Cortés. Siglo XVI.

Fue durante estos años que conoció a Catalina Xuárez Marcaida, quien llegó a Isla Fernandina con la esposa de Diego Velázquez, María de Cuellar, quien murió prematuramente. Al poco tiempo llegaron cuatro hermanas de Catalina, una de la cuales se relacionó con el viudo gobernador Velázquez. Cortés empezó a cortejar a Catalina buscando un amor de ocasión, sin embargo en esta aventura terminaría mal para el doncel debido a que Diego Velázquez lo obligó a contraer nupcias con ella y cumplirle con la promesa de matrimonio que le había hecho. No teniendo otra alternativa, Cortés cumplió con su palabra.

A pesar de haber cumplido con el deseo del gobernador Velázquez, poco tiempo le duró su favor, ya días después fue encarcelado por causas controversiales. Una versión nos dice que  fue la única forma de lograr que el joven extremeño contrajera nupcias con Catalina. La segunda versión nos dice que Cortés se ofreció a llevar una carta, en la cual estaba plagada de quejas en contra de Diego Velázquez, a las autoridades de la corona española ubicadas en La Española.

A través de esta acción y ante los ojos del gobernador, el extremeño se había aliado a un grupo de conspiradores cuya intención era destituir a Velázquez. Antes que Cortés pudiera efectuar el viaje, la conjura fue descubierta y los conspiradores castigados. Cualquier que haya sido la razón, el extremeño fue arrestado. No fue hasta que algunos de sus amigos convencieron al voluble gobernador de liberarlo y de restablecerle sus bienes confiscados. Poco tiempo después Diego Velázquez de Cuellar lamentaría esta decisión.

Enrique Ortiz García

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