Todos hemos sido testigo de la segunda visita de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador a Estados Unidos en esta misma semana.

Vimos a sus fanáticos que lo recibieron con alegría y festividad en las calles, a los dos mariachis que sonaban sin siquiera saber si el presidente los escuchaba en realidad.

Hay que ser honestos, porque en el mejor de los escenarios, cualquiera que hemos vivido fuera de nuestro país recibir a las autoridades de nuestro país o a cualquier persona o motivo que venga de nuestro México, es razón suficiente para hacer una fiesta y revivir el orgullo y la alegría por la Patria que hemos dejado atrás.

Cualquiera que sea nuestra opinión sobre el actual gobierno, no podemos demeritar el orgullo que se siente que se nos tome en cuenta para estar en una Cumbre como la que se levó a cabo el día de ayer en Washington con el presidente de Estados Unidos Joe Biden y el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau.

Como mexicanos debe de ser razón suficiente para celebrar que seguimos en la conversación internacional, aunque no estemos, como ciudadanos, convencidos de que las acciones realizadas por nuestro gobierno sean las mejores.

Para estas alturas hemos visto todo, las fotos, los videos y los distintos análisis de la participación de nuestro presidente, no me queda mucho qué decirle de nuevo, pero lo que sí es que la incomodidad de nuestro mandatario mostró durante su visita.

Sus posturas fueron de quien se siente comprometido con estar allí, cuando en realidad podría estar en un territorio más cómodo como en Palacio Nacional o en alguna conferencia en donde él suele tener el control y el confort de dirigir la conversación con el micrófono exclusivo para él.

Frente al Primer Ministro de Canadá lo vimos con las manos pegadas al cuerpo, la mirada fija hacia las cámaras y poca disposición y soltura para tomarlo de la mano en el saludo oficial de manera espontánea y políticamente correcto.

Comúnmente en los saludos oficiales, esos que están estipulados en las agendas de los mandatarios en cuestión, son preparados y literalmente orquestados para la fotografía, la que muchas veces se vuelve la “fotografía oficial” de la visita.

La toma de las manos es cuestión de segundos, pero los fotógrafos disparan una ráfaga con sus cámaras en donde pueden lograr más de 100 cuadros con el movimiento propio del saludo de dos hombres que representan a dos naciones y simulan una amistad y relación fraterna.

Eso no lo representó del todo nuestro presidente con Trudeau, al igual con su igual norteamericano.

Su sentado, sus posturas, su mirada y su discurso fue como insistir en que México no está y no quiere estar en la línea de innovación y de empuje en distintas áreas en las que “hay que estar”.

En esta foto que les presento, en donde caminan por el interior de un pasillo de la Casa Blanca los tres representantes de la Cumbre de Norteamérica, vemos a nuestro presidente con la mirada directa hacia al frente cuando los otros dos “amigos” pareciera que mantienen una conversación y cercanía.

La incomodidad radica principalmente en el lenguaje, si el presidente Andrés Manuel supiera el idioma su cuerpo podría estar inclinado hacia los otros dos, y su mirada también estaría dirigida a otra dirección.

Al final el lenguaje influye, y no solo el del inglés, sino el de la prosperidad hacia la modernidad, los avances como nación y las alianzas para afrontar a los cientos de miles de migrantes que al no encontrar ningún tipo de ayuda de ambos países, se ha convertido en una problemática que nos incluye al país de Biden y al nuestro.

La apertura no siempre es tener los brazos abiertos de manera natural, también tiene que ver con la mirada y el cuerpo entero.

Lamentablemente, hemos sido visitante durante una misma semana y con las mismas actitudes de cerrazón y poca disponibilidad para participar y sobre todo sumar.

Como decía Juan Gabriel, lo que se ve no se juzga, pero es que no solo se ve, se fotografía y queda para la historia de una Cumbre en donde hubieron dos amigos con un invitado que se la pasó incómodo, y ese fue México.

Foto de EFE/Chris Kleponis/Pool