El secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, llamó a los mexicanos a unirse al proyecto de nación del gobierno.

Dijo: “Como mexicanos es necesario estar unidos en el proyecto de nación que está en marcha, porque lejos de las diferencias de pensamiento que pudieran existir, nos une la historia, el amor por la tierra que nos vio nacer y la convicción de que solo trabajando en un mismo objetivo podremos hacer la realidad de México… más prometedora”.

Dijo antes: “Las fuerzas armadas y la Guardia Nacional vemos en la transformación que actualmente vive nuestro país el mismo propósito de las tres primeras transformaciones: el bien de la patria”.

No sé si el general secretario tiene representación cabal para hablar a nombre de las fuerzas armadas (que incluyen a la Marina) y de la Guardia Nacional (sobre la que no tiene mando formal).

Lo que sé es que, desde su posición militar, le está pidiendo a los mexicanos una adhesión política al proyecto del partido que está en el gobierno. Esta toma de partido por el proyecto del grupo en el poder pone en entredicho la neutralidad política del orador.

El general secretario no puede invocar la unidad nacional cuando llama a secundar un proyecto de gobierno que es cualquier cosa menos una oferta de unidad y que, hoy por hoy, después de la elección de junio, no tiene la mayoría de los votos de los mexicanos.

Sacar al Ejército fuera de la refriega política fue clave para pacificar el país en los años que siguieron a la Revolución.

Costó aplastar tres rebeliones militares: la de la huertista en 1923, la de Gómez y Serrano en 1927 y la de Gonzalo Escobar en 1929. El último presidente militar de México fue Manuel Ávila Camacho (1940-1946).

El primero civil fue Miguel Alemán (1946-1952). Desde entonces, las fuerzas armadas han sido soporte políticamente neutral de los gobiernos civiles, en el más largo periodo de paz que ha tenido el país. Nada agradeció tanto la nación a los militares como su retirada de las pugnas políticas, porque el Ejército metido a la política fue siempre germen de discordia armada.

Ahora el general secretario ha puesto unas palabras imprudentes de más sobre ese fuego apagado. ¿Lo quiere reavivar?