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En estos días hay dos cosas que cuesta trabajo entender: la entrada de México al Top 10 de países más felices y la fortaleza del peso. En el ránking de la felicidad, espero las explicaciones de psiquiatras y antropólogos. Para la fortaleza del peso, en un contexto de enfriamiento económico e incertidumbre agravada, casi todos los caminos de la respuesta nos llevan a Estados Unidos. No soy Yo, eres Tú, podría decirle el peso al dólar. Algo de lo que pasa en México cuenta, pero lo principal ocurre en otro lugar.

Donald Trump es Mr. Contradictions. Llevamos semanas tomando nota de las incongruencias de su política arancelaria y ahora ha llegado el momento de poner atención a sus planes para el dólar: por una parte, quiere que la divisa estadounidense se debilite para hacer más competitivas las exportaciones de Estados Unidos. Al mismo tiempo, quiere reforzar el estatus del dólar como la divisa dominante en el sistema monetario internacional.

¿Es posible lograr ambas cosas? La teoría económica y el sentido común dicen que es extremadamente complicado. Para funcionar, se requiere que el debilitamiento del dólar sea muy ordenado y venga acompañado de maniobras espectaculares en otros frentes. Esto implica una instrumentación impecable de la política económica y monetaria por parte de Estados Unidos, y una estrecha coordinación con otros países, por ejemplo, China, que tiene una gran montaña de bonos denominados en dólares.

Por el momento, tenemos una depreciación del dólar que es todo, menos ordenada. En lo que va del 2025, ha perdido más de 4% frente a una canasta de monedas de referencia. Esta baja se interpreta como la respuesta de los mercados al caos que ha generado la administración Trump en sus primeras semanas. Más que nada, los movimientos bajistas en el valor del dólar reflejan la intención de los inversionistas de reducir la exposición al riesgo Estados Unidos en tiempos de Donald Trump 2.0, explica el experimentado exbanquero Jim O’Neill (autor del acrónimo BRICS).

¿Dónde está el riesgo US-Trump? En todos lados. Lo malo ya está aquí y lo bueno tardará en llegar, sentencia Gabriel Casillas, economista de Barclays. El presidente estadounidense presiona a la Reserva Federal para que baje las tasas, pero toma decisiones arancelarias que producirán más inflación y quitan margen de maniobra a la Fed; anuncia la creación de una reserva de criptodivisas que pretende convertir a Estados Unidos en el líder indiscutido del mundo cripto, pero no se preocupa por despejar las dudas sobre cómo se resolvería la posible competencia al dólar como depósito de valor. Todo esto ocurre, mientras Mr. Trump hace todo lo posible por generar desconfianza en sus aliados y competidores en el escenario global. Amenaza, por ejemplo, con aranceles de 100% a países que dejen de usar el dólar en sus transacciones internacionales.

¿Hay un Master Plan alrededor del dólar en la Casa Blanca? No pierdan de vista el nombre de Stephen Miran, que será el próximo jefe del Consejo de Asesores Económicos de Trump. En lo relativo al dólar, Miran está llamado a tener un papel equivalente al que Peter Navarro desempeña en política comercial. En un documento publicado en noviembre, Stephen Miran se refirió a un Mar-a-Lago Accord, en el que llama a un pacto para reordenar el sistema monetario internacional, con un dólar más depreciado pero sin perder su papel como la moneda que define el sistema monetario y financiero internacional. Estados Unidos pediría a varios países que compren miles de millones de dólares en bonos con vencimiento a 100 años.

El Pacto de Mar-a-Lago hace referencia a un pacto celebrado en el Hotel Plaza de París, en 1985. Hace 40 años, Estados Unidos convocó a Gran Bretaña, Alemania, Francia y Japón para debilitar de manera coordinada al dólar. Esos países eran los más ricos del mundo y aceptaron, porque reconocían la hegemonía de Estados Unidos y dependían de su ayuda militar y del acceso a sus mercados.

El acuerdo en 2025 luce mucho más complicado porque necesita la colaboración de China. El Dragón tenía a mediados del año pasado alrededor de 800,000 millones de dólares en bonos de Estados Unidos y es, junto con Japón, el mayor tenedor de títulos de deuda de Estados Unidos. No tiene ningún incentivo para participar en un plan que beneficiaría principalmente a Estados Unidos. La historia tiene una lección que ofrecer. En el Pacto de 1985, Japón fue el gran perdedor. Su economía perdió impulso y dejó de ser el gran competidor de Estados Unidos.

Más importante que la historia, quizá, es el futuro. En juego está la hegemonía económica mundial. Estados Unidos quiere cerrar el camino a China, en cada una de las facetas en las que compiten: comercio, industria, tecnología, inteligencia artificial… finanzas mundiales. En la mira de China está el lograr que su moneda desempeñe un papel parecido al que ahora tiene el dólar. ¿Por qué el Dragón habría de colaborar con Trump? ¿Por qué tendría que hacerlo Europa?