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Los mercados podrían no sólo tirar al peso, sino el prestigio del Banxico.

El consuelo que se ofrece es que el peso se ha depreciado menos que otras monedas emergentes. Suelen explicar que no es nada personal en contra del peso mexicano y por lo tanto, que en esta resbaladilla cambiaria caen casi todas las monedas diferentes al dólar de Estados Unidos.

El verdadero problema es que los mercados tiran en sentido contrario a la autoridad monetaria y podrían no sólo tirar al peso, sino también el prestigio del banco central.

Hasta hoy, con los datos disponibles, no hay un traspaso general de la depreciación del peso frente al dólar en los precios, pero tampoco había una marcada salida de capitales de los diversos instrumentos financieros locales y hoy sí se nota esta tendencia.

Porque la diferencia entre un dólar que es más fuerte que otras monedas y una divisa que es débil frente al dólar es precisamente ese detalle del impacto interno de la coyuntura actual.

Brasil, por ejemplo, pierde impulso porque comparte la suerte del resto de los países emergentes de enfrentar el cambio que viene en la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), pero también se desgasta por factores internos que tiran su economía, presionan su inflación y disminuye la confianza.

No hay duda de que en estos tiempos México tiene una mucho mejor calificación en el exterior que en la percepción interna, a pesar de que la economía goza de un momento por demás aceptable con estimaciones de crecimiento de 3% y con una inflación también de 3 por ciento.

Pero lo que ocurre en los mercados no es un asunto de buena o mala fama, es una búsqueda de ganancias, aun a costa de vulnerar un flanco débil de las finanzas nacionales de cualquiera.

Los mercados mexicanos deben cuidarse de quedar expuestos a los ataques especulativos y eso se logra mostrando el músculo monetario, desplegando un escudo protector que no implique defender al peso como un perro, pero tampoco dejarlo a la vista de las garras de los depredadores.

El Banco de México junto con la Secretaría de Hacienda, ambos dentro de la Comisión de Cambios, decidieron inyectar todos los días de operación 52 millones de dólares para mantener la liquidez, además de disminuir la acumulación de reservas para que esos billetes verdes que suele absorber el banco central se vayan al mercado.

La realidad es que hoy el efecto se ha diluido y la moneda mexicana es capaz de depreciarse tan rápidamente como 2% en tan sólo dos sesiones.

Otra vez, es aversión al riesgo, es correr al refugio nada rentable pero muy seguro del dólar, pero es también la selección de a quién pegarle en el camino para especular.

El peso se juega una estabilidad que puede empezar a repercutir en indicadores macroeconómicos nacionales, pero el Banco de México se juega su calidad de intransigente vigilante de la estabilidad monetaria.

De lo que es trata es que cuando alguien elija su batalla especulativa, lo piense dos veces antes de apostar en contra del peso mexicano, que puedan decir que prefieren no meterse ahí porque el guardián es el duro, efectivo e impenetrable Banco de México.