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La apertura comercial fue una política prioritaria que México decidió adoptar desde finales de los años 80. Ha sido tan positiva y significativa para la economía mexicana que ha sido el eje de las políticas de desarrollo de gobiernos de tres diferentes y disímbolos partidos políticos.

La retórica oficial les llama “tecnócratas”, la narrativa opositora les llama “populistas”. Bueno, unos y otros se han montado en la ola de la apertura comercial para expandir la economía.

La iniciativa global de libre comercio no es de manufactura mexicana. De hecho, nuestro país se sumó tarde al modelo propuesto por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial a través del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT).

México dejó atrás su oscura etapa populista para aventurarse a dar un paso más allá y lograr, en tiempos de Carlos Salinas de Gortari, lo impensable: un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.

Treinta años después, y a pesar de que México dio un golpe de timón que no implicó, sin embargo, abandonar el modelo de apertura comercial, el principal impulsor del libre comercio sí ha decidido ajustar su percepción de fronteras comerciales libres.

Las decisiones arancelarias de Donald Trump y la incertidumbre sobre el futuro del acuerdo comercial bilateral generan inquietud en una economía como la mexicana, que exhibe un Indicador de Apertura Comercial (exportaciones más importaciones como porcentaje del Producto Interno Bruto) de 74.7 por ciento.

El efecto negativo de la política arancelaria de Trump se ha retrasado, por los titubeos de su propia administración y por el adelanto en surtir inventarios previo a la aplicación de los nuevos impuestos, pero está claro que la factura habrá de llegar.

Paradójicamente, la amenaza contra el comercio global de Trump acabó por impulsar esta actividad durante el primer semestre del año.

De acuerdo con la Organización Mundial de Comercio (OMC) entre enero y junio el volumen del comercio mundial de mercancías aumentó 4.9% en comparación anual, lo que ha llevado a elevar el pronóstico para todo este 2025 a 2.4% de incremento, sobre el pronóstico previo de abril de -0.2 por ciento.

Lo único que ha sucedido es que el efecto negativo se traspasa al 2026, porque ahora la OMC ya no estima como en abril pasado que el volumen del comercio se expandiría 2.5%, sino solamente 0.5 por ciento.

En específico para la región de América del Norte, epicentro de la nueva política comercial global y la región a la que pertenece México, la OMC estima una baja del volumen comercial para el 2026 de 5.8 por ciento.

De todas las revisiones que se empiezan a hacer para anticipar el comportamiento económico del 2026 ésta es, hasta ahora, la más negativa para la economía mexicana.

Tiene toda la lógica del retraso en la ejecución de la política arancelaria de Donald Trump, pero también tiene la esperanza de que se pueda lograr algún acuerdo bilateral o trilateral en Norteamérica que pueda paliar esos malos resultados esperados.

Buena parte de las mejores previsiones para el Producto Interno Bruto para este 2025 se deben al retraso del impacto arancelario en los volúmenes del comercio global, pero esta perspectiva de la factura inevitable adelanta malos augurios para el próximo año.

Buena parte de las mejores previsiones para el PIB para este 2025 se deben al retraso del impacto arancelario en los volúmenes del comercio global.