El debate fiscal y las elecciones en EU

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Joaquín López-Dóriga OstolazaSin Fronteras

Históricamente, los republicanos se han posicionando políticamente con el enfoque de que el gobierno debe ser pequeño, cobrar pocos impuestos y no estorbar al sector privado

A principios de esta semana, la administración Trump presentó su proyecto de presupuesto para el año fiscal 2021 que comienza en octubre.

Aunque la versión final del presupuesto seguramente sufrirá cambios sustanciales con respecto a este proyecto, el contenido de la propuesta es especialmente relevante de cara a la elección presidencial de noviembre de este año, ya que revela cuáles son las prioridades fiscales en el esfuerzo de reelección de Trump.

Históricamente, los republicanos se han posicionando políticamente con el enfoque de que el gobierno debe ser pequeño, cobrar pocos impuestos y no estorbar al sector privado.

Sin embargo, desde la llegada de Trump, los republicanos han estado más preocupados por bajar los impuestos para generar crecimiento económico a toda costa bajo la falacia de que los recortes impositivos se pagarían por si solos debido a la aceleración del crecimiento económico.

Esta situación ha generado un déficit público que por primera vez en la historia ha superado el billón de dólares, pasando de 3.1% del PIB en el 2016 a 4.7% en el 2019.

El promedio histórico del déficit público como porcentaje del PIB en los últimos 50 años es de 2.7 por ciento. El proyecto de presupuesto presentado anticipa una pequeña reducción en el déficit anclada principalmente en recortes importantes al gasto en beneficios de seguridad social y de salud, además de suponer un repunte importante en los ingresos por recaudación ante un supuesto de crecimiento económico que se antoja demasiado optimista.

El debate sobre el rumbo de la política fiscal y el papel del gobierno como promotor del crecimiento económico será un elemento clave en la batalla electoral de este año.

Los republicanos buscarán posicionarse como el partido que perpetuará los estímulos fiscales y que dejará al sector privado funcionar sin regulaciones incómodas.

Al mismo tiempo, los republicanos intentarán convencer al electorado de que un triunfo demócrata implicará una nueva alza en los impuestos y un gobierno cada vez más inmiscuido en la economía.

Por su parte, los demócratas argumentarán que el gobierno debe actuar como un promotor activo del crecimiento económico mediante la inversión en infraestructura y que además debe jugar un papel crucial en mejorar la distribución del ingreso.

Los demócratas tratarán de posicionarse como el partido que protegerá los beneficios de seguridad social y sólo incrementarán los impuestos a los más ricos.

La estrategia de los demócratas procurará transmitir al electorado que los republicanos, de ganar las elecciones, seguirán adelante con un proyecto de reducción masiva en los beneficios de seguridad social y salud al mismo tiempo que reducirían los impuestos, pero sólo para beneficiar al segmento más afluente de la sociedad.

En el fondo, ambos lados tienen algo de razón: es cierto que una de las razones principales en el incremento en las necesidades de financiamiento de EU está atada al creciente carga de la seguridad social debido al envejecimiento de la población y que la única manera de cambiar esta tendencia es con una combinación de reducción en algunos beneficios de seguridad social y un incremento en los ingresos del gobierno.

El problema es que a pesar de que el debate se presta para un rico análisis de argumentos para cada uno de los bandos, la parrioquialización de la política ha hecho que el debate se vuelva superficial, dogmático y electorero.


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