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Así como muchos creen que Pemex está mejor en manos de un régimen autocrático y con un agrónomo al frente, que dedicada a su negocio de extracción de la mano de la iniciativa privada, así, no son pocos los que piensan que un peso muy apreciado frente al dólar es sinónimo de un triunfo político-económico del Presidente.

Es falso que sea sinónimo de soberanía conservar una empresa petrolera como monopolio del Estado, aunque se tenga que cargar a Pemex al borde de la quiebra.

Tampoco es sinónimo de éxito gubernamental que una moneda de libre flotación, como el peso, mantenga una fortaleza que estorba a los exportadores y las familias de los migrantes y que preocupa en los mercados ante una posible corrección más violenta.

El peso mexicano, como producto financiero, se mueve por la oferta y la demanda. El lugar común dice que es gracias al nearshoring.

Solo que no siempre los datos disponibles sostienen esa afirmación. Por ejemplo, cifras preliminares del año pasado de la Inversión Extranjera Directa (IED) de la Secretaría de Economía muestran que en el sector de manufacturas habrían entrado al país 19,731 millones de dólares.

Analistas privados estiman que, del total de la IED, 44.3% corresponde a reinversión de utilidades y 36.7% a nuevas inversiones. Sí es mucho dinero, pero tampoco llueven dólares del nearshoring.

Es una realidad, el turismo extranjero ayuda a la entrada de divisas, pero hoy crece más el porcentaje de mexicanos que salen al shopping, por el dólar barato, que el de extranjeros que, además, son advertidos de los niveles de violencia e inseguridad en este país.

Las remesas también han crecido de forma sospechosamente acelerada. Ya está claro que hay un componente criminal en esos micro envíos a nuestro país.

Por cierto, que entre las víctimas del súper peso están las familias receptoras de remesas que han visto disminuido su poder adquisitivo. De acuerdo con datos del Banco de México, durante el último año las remesas han perdido 9.1% de su poder adquisitivo por el aumento en la inflación y por la fortaleza del peso.

Pierden los exportadores porque los productos mexicanos en pesos están más caros, pierden los prestadores de servicios turísticos porque es más caro viajar a nuestro país, tanto para extranjeros como para mexicanos.

Hay una forma de incidir en esa paridad tan fuerte, sin intervenir en el mercado y es algo que ya tendrá que decidirse la próxima semana.

El peso tan altamente apreciado no es un determinante de la política monetaria del Banco de México, pero es una consecuencia de ese enorme premio a los que invierten en pesos y que ya pesa en el desempeño económico.

Digamos que es un indicativo de que habría margen para enviar una primera señal de baja en la tasa de interés, con el mensaje adecuado, sin provocar una depreciación cambiaria y con ella, más inflación.

Así pues, la Junta de Gobierno del Banxico encuentra espacio en el tipo de cambio para una primera decisión monetaria más laxa y de esa manera buscar indirectamente, por supuesto, que el peso no sea tan “fuerte” frente al dólar sino estable en un camino que será complicado para los bancos centrales.