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México es un país en donde el sector bancario se ha quedado rezagado.

La semana pasada se llevó a cabo la más reciente edición de la Convención Nacional Bancaria. El sector financiero juega un papel fundamental en el desarrollo económico de cualquier país y más en uno en vías de desarrollo.

Una de las condiciones fundamentales para lograr que la economía mexicana crezca más rápido y sea menos vulnerable a choques externos es, sin duda, un mayor dinamismo del crédito bancario al sector privado. En ese sentido, México ha sido un país donde el crédito bancario al sector privado se ha quedado rezagado.

México es un país poco bancarizado en comparación con otras economías emergentes con características similares. El crédito bancario al sector privado en México, medido como porcentaje del PIB, se ubica en 16.8%, cifra que se encuentra aún muy por debajo del 38% registrado en 1994 y de las de otros mercados emergentes como Brasil y Colombia, que rondan 35%, y ni hablar de Chile, donde es superior a 60 por ciento.

No obstante, las condiciones se están dando para que el sistema financiero mexicano comience a contribuir de manera más activa con el desarrollo económico del país. El crédito bancario al sector privado como porcentaje del PIB ha pasado de 13.3% en el 2010 a 16.8% al cierre del 2014. Esta expansión se ha dado en un entorno económico de crecimiento mediocre y ha sido posible gracias a que el sistema financiero mexicano se beneficia de una situación de estabilidad macroeconómica, niveles de capitalización altos, fondeo barato y abundante y un sector privado con poco endeudamiento (simplemente porque muchas empresas no tienen acceso al crédito).

El último periodo de alto crecimiento experimentado por el crédito bancario en nuestro país fue en el periodo 2002-2007, cuando el crédito bancario al sector privado como porcentaje del PIB pasó de 6% a 13 por ciento.

Sin embargo, es necesario reconocer que el boom del 2002-2007 se dio sobre una base muy baja, con ciertos errores de origen y con un alto grado de concentración en créditos al consumo. El último boom de crédito terminó abruptamente por la crisis financiera global del 2008 y por ciertos excesos y errores de parte de bancos y acreditados que resultaron en un sobre-endeudamiento de un sector de la población -el principal problema se dio en el segmento de tarjetas de crédito, donde el crecimiento se registró principalmente a través de un incremento en el apalancamiento de los sujetos de crédito y no por una expansión del número de acreditados.

A raíz de esta situación, el crédito se contrajo de manera considerable en el periodo 2008-2009, profundizando la crisis económica que vivió nuestro país en el 2009.

Los bancos han hecho un trabajo aceptable en el crédito al consumo y en el crédito hipotecario, pero ahora el énfasis debe estar en destrabar el crédito a la pequeña y mediana empresa, en las que el rezago es mucho mayor y donde la informalidad es un obstáculo muy importante.

Aunque el crédito puede ser un arma de dos filos, si se usa de manera prudente se convierte en una herramienta muy poderosa de crecimiento y sobre todo de movilidad social.