El chaleco amarillo de Anaya

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Joaquín López-DórigaEn Privado

Son todo eso y nada de eso.  Florestán

Son todo eso y nada de eso.  Florestán

 

Para nadie era un secreto que la prioridad de Ricardo Anaya era la Presidencia de la República.

Para ello hizo todo lo que tuvo que hacer, habló, pactó, acordó, prometió, ofreció, negoció, propuso, dio, cedió y, dicen sus malquerientes, traicionó bajo la mínima de que el fin justifica los medios, todos los medios, el que sea, contra quien sea y por encima de lo que sea.

Primero alineó el control del PAN, tras negociar con Gustavo Madero su diputación y con todos los frentes la Mesa Directiva de San Lázaro, con apoyo del gobierno federal en aquellos días de vino y rosas del Pacto por México.

Hoy debe recordar, aunque trate de olvidar, aquellas expresiones de reconocimiento y entrega al gobierno de Peña Nieto.

Desde la presidencia de la Cámara de Diputados, saltó a la presidencia interina del PAN, para que Madero fuera candidato a diputado federal, y regresó para usarla como plataforma para su proyecto presidencial, como lo comprueban cientos de miles de spots del partido que usó en su promoción personal.

Cuando se le complicó el tránsito en su partido, construyó la plataforma del Frente Opositor para hacerse de la candidatura presidencial sin pasar por el proceso interno del PAN, obligando la salida de Margarita Zavala y el acuerdo con Rafael Moreno Valle vía la candidatura azul de su esposa para el gobierno de Puebla y un escaño para él.

Dentro de este recorrido por encima de todo y de todos, nunca pensé ver jamás que un expresidente del PAN, que sigue mandando en el partido y es su candidato presidencial, acudiera a la sede del PRD, vistiera un chaleco amarillo con su nombre bordado y el sol azteca sobre su corazón, levantara el puño y hasta reivindicara —háganme suyo— su lema Democracia ya, Patria para todos, que, dijo, está en el himno de Acción Nacional, lo que no es exacto cuando dice al final: Nuestro México ha de ser con justicia y libertad una Patria para todos y un baluarte del ideal, lo que nada tiene que ver con la idea aspiracional del lema perredista ni del panista.

Pero todo se ajusta, hasta el chaleco amarillo y el escudo en el corazón.

Pero ahí está, ahí sigue, en lo suyo.

RETALES

1. CUMPLE. Luis Echeverría celebra hoy, ingresado en el hospital ABC, su cumpleaños 96 con un problema de neumonía, pero desmintiendo la noticia de su muerte en redes, el lunes por la noche;

2. AMBICIÓN. La delegación Miguel Hidalgo es objeto del deseo de todos los que la han jefaturado. Ahí vienen de regreso, Demetrio Sodi como independiente, lo fue por el PAN; Víctor H. Romo por Morena, lo fue por el PRD y hasta Gabriela Cuevas, que lo fue por el PAN, por el Frente. Todos la quieren como si los vecinos no tuvieran memoria. ¡Cínicos!; y

3. MILLONES. Los 20 millones de votos que Aurelio Nuño dijo ayer que el PRI necesita para ganar la Presidencia de la República el 1 de julio son los mismos 20 millones que en 1987 Jorge de la Vega Domínguez, presidente del PRI, ofreció a su candidato Carlos Salinas de Gortari. De eso hace 30 años.

Nos vemos mañana, pero en privado

 

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