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La industria automotriz produce más divisas que la petrolera y genera más empleos que toda la industria energética.

¿Es la industria automotriz un espejo de la economía mexicana? Si fuera así, en vez de hablar de ajustes a la baja en los pronósticos del PIB, estaríamos revisando hacia arriba los cálculos del Producto Interno Bruto. En vez de sudar para alcanzar 2.5%, estaríamos arriba de 5%, hablando de tú a China e India, las estrellas de la otrora brillante constelación BRIC.

Las ventas de automóviles en el mercado mexicano han crecido más de 20% en los primeros cinco meses del 2015. Por primera vez en un mes de mayo, las ventas internas superaron las 100,000 unidades. En este año, vamos rumbo a un récord en las ventas en el mercado nacional. Las exportaciones se han incrementado 14% en el periodo enero-abril.

La industria automotriz es una historia de éxito, si consideramos la capacidad de atracción de inversiones y la presencia creciente de lo Hecho en México en el mundo. México era el noveno exportador del mundo en el 2008 y está a punto de convertirse en el número tres. Aún considerando los costos del traslado, es más barato producir un auto en México para el mercado estadounidense que producirlo en Estados Unidos. Uno de cada ocho vehículos que se venden allí es fabricado en México. Entre los importados, la participación de los “mexicanos” llega a 35 por ciento. Son dos puntos más que Japón, líder en este rubro hasta el 2014.

Es una historia de éxito, no exenta de contradicciones. Son alrededor de 700,000 empleos directos los que genera la industria en México. Este número crece a tasas cercanas a 10% anual desde el 2010. El trabajador mexicano es reconocido en todo el orbe por su calidad, pero esto no se refleja en los salarios. Un obrero de las armadoras en México gana apenas 10% de lo que gana su contraparte en Estados Unidos. Para quienes piensan que este parámetro es muy alto, valga decir que un trabajador taiwanés gana 2.1 veces lo que un mexicano; un polaco, 2.4 veces más; un checo, el triple.

La industria automotriz produce más divisas que la petrolera y genera más empleos que toda la industria energética. Estos prodigios de competitividad y eficiencia no anulan algunas disfuncionalidades. Desde el 2009, el sector ha vivido un auge sin precedente, con la apertura de ocho grandes plantas, además del anuncio de la instalación de seis plantas más. En ese mismo periodo, la productividad por trabajador ha crecido a tasas de 6 o 7% anual en promedio, pero las remuneraciones de los trabajadores han pasado de 36 a 23% del valor agregado de la producción.

¿Podrían mejorar los sueldos sin perder competitividad y capacidad de atracción de inversiones? Ésa es la cuestión. México ahora es una especie de paraíso de la manufactura automotriz. Está cerca de Estados Unidos, tiene mano de obra calificada que es tan productiva como la de Europa, Estados Unidos o Japón, pero cuesta menos incluso que la de China. Además tiene baja conflictividad laboral.

¿Es esto sostenible? Quizá. Hay riesgos de intentar cambios bruscos, pero también hay peligro en la inacción. Tarde o temprano vendrá presión por la parte laboral para buscar una mejora de las condiciones. Eso ha ocurrido en otras partes del mundo donde la industria automotriz se ha desarrollado. ¿Cuál es la estrategia laboral de mediano y largo plazo? ¿A quién le toca? ¿A quién le importa?