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La semana pasada el Banco Central Europeo (BCE) llevó a cabo su última reunión de política monetaria del 2015, en la que recortó la tasa de referencia a los depósitos de -0.10 a -0.30 por ciento. Asimismo, el BCE extendió la fecha de conclusión del programa de inyecciones de liquidez de septiembre del 2016 a marzo del 2017, destacando que el programa será extendido en caso de ser necesario.

Estas dos decisiones estuvieron totalmente en línea con lo esperado por el mercado. Sin embargo, en el punto más crítico para los mercados, el BCE decepcionó. Las últimas intervenciones de Draghi y las minutas de la última reunión del BCE, llevada a cabo el 21 y 22 de octubre, llevaron al mercado a descontar que el BCE aumentaría de manera considerable el monto mensual de inyecciones de liquidez.

Vale la pena recordar que el BCE puso en marcha en marzo de este año un programa de estímulos cuantitativos mediante el cual ha destinado hasta 60,000 millones de euros mensuales para la adquisición de instrumentos de deuda públicos y privados, en un intento por estimular la demanda agregada y combatir la deflación. Aunque la ampliación del programa hasta marzo del 2017 y la decisión de reinvertir todos los intereses y amortizaciones recibidas por el BCE de los instrumentos a los que se han destinado los recursos del programa de estímulos cuantitativos implica un incremento efectivo de 1.1 billones a 1.5 billones de euros, el mercado tenía descontado un incremento mayor.

La reacción no se hizo esperar, el euro se apreció contra el dólar, pasando inmediatamente de 1.05 a 1.10 para después ubicarse cerca de 1.09. Asimismo, los principales mercados accionarios de Europa se ajustaron a la baja entre 2 y 4 por ciento.

Cuando vivimos en una era donde los mercados son tan dependientes de las cantidades masivas de liquidez creadas por los bancos centrales, el impacto de cualquier sensación de que se crearán menos recursos se amplifica de manera inmediata en los mercados financieros.

Lo que más le preocupa a los mercados es que el BCE parece seguir actuando con cierta timidez en comparación con lo que han hecho la Reserva Federal (Fed), el Banco de Inglaterra (BoE) y el Banco de Japón (BoJ), en términos de estímulos cuantitativos.

Mientras que la Fed y el BoE prácticamente quintuplicaron el tamaño de su balance y el BoJ lo ha triplicado, el BCE apenas va en camino de duplicar a triplicarlo. Visto de otra manera, el monto total de estímulos cuantitativos inyectado por la Fed y el BoE fueron equivalentes a casi una cuarta parte del PIB respectivo de Estados Unidos y Gran Bretaña, mientras que en Europa la liquidez creada por el BCE representa apenas 15% del PIB.

Sin embargo, aunque el BCE haya tomado una postura más gradual, tarde o temprano tendrá que incrementar el tamaño de su programa de estímulos cuantitativos.

El BCE tiene claro que varios países y bancos de la eurozona tienen un problema de endeudamiento y que deben de acelerar su proceso de desapalancamiento cuanto antes, con excepción de España, los demás países con altos niveles de endeudamiento como Italia, Grecia y Francia han sido poco exitosos en reducir sus razones de deuda a PIB.

En términos llanos, el BCE busca tres objetivos principales con la ampliación del Quantitative Easing: i) seguir reduciendo los costos de financiamiento para países y empresas en Europa; ii) contribuir a una mayor depreciación del euro que ayude a mejorar la competitividad de la eurozona, y iii) contribuir a un aumento en las valuaciones —es decir, inflación— de los activos financieros.

En el contexto actual, los estímulos cuantitativos son un elemento necesario, mas no suficiente, para sacar a la eurozona de su letargo. El BCE sabe que es más fácil recorrer el camino conocido de reducir los déficits fiscales con la ayuda de la inflación, que virar por el camino incierto de la deflación.