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El secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, es ese financiero que ha dedicado su vida profesional al sector privado que, por alguna razón, amistad o ideología común, aceptó incorporarse al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Deben ser fuertes los vínculos de Ramírez de la O con el Presidente o con su movimiento como para aceptar tal encargo en un gobierno que ha cometido tantas pifias en sus políticas públicas. Quizá le gustó que entre las ideas fijas de López Obrador está aquella de mantener los equilibrios fiscales lo mejor que pueda.

Lo que debe ser un hecho es que, ante los ojos de Ramírez de la O, que es un personaje que sabe cómo hacer crecer a las empresas privadas, no le debió haber gustado nada la manera como se maneja el sector energético ni la relación con el sector privado, pero aceptó el encargo.

Entonces, ahora lo que ha seguido para el titular de Hacienda es empezar a hablar como político, o peor que eso, como político de la 4T.

En su reciente comparecencia ante senadores, Ramírez de la O aseguró que su estimación es que la economía mexicana se reestablezca por completo durante los próximos meses del 2022. Lo cual no es otra cosa que un buen deseo.

La lógica expuesta por este funcionario en su modo “político de la 4T” es que el Producto Interno Bruto ya alcanzó 97.9% del nivel que tenía en el cuarto trimestre del 2019. Declaración que no es otra cosa que el uso de las mejores herramientas de la tecnocracia al servicio del populismo de este gobierno.

Nadie mejor que el tan respetado y altamente especializado secretario de Hacienda sabe que para ese cuarto trimestre del 2019 la economía mexicana ya arrastraba un estado recesivo importante.

Tiene claridad que México no es una fotografía estática. Hay una presión laboral importante, a razón de un crecimiento cercano a 2% de la Población Económicamente Activa cada año, la tasa de natalidad de México es superior al 17 por ciento.

Y todavía más simple que eso, es la realidad de una recuperación totalmente dispar de los sectores productivos, donde la industria manufacturera de exportación sí está en franca recuperación, hay alteraciones estadísticas por algunas actividades extractivas, mientras que el sector terciario, donde más mexicanos trabajan, no está en ese 97.9% de recuperación a niveles prepandémicos.

Las estadísticas de empleo tienen sus bemoles en la calidad de esos puestos de trabajo recuperados. Presumir una recuperación de 11.1% en la Inversión Fija Bruta en el lapso enero–junio de este 2021 en su comparación contra el año de la pandemia olvida el pequeño detalle del derrumbe que ha tenido este indicador básico para la economía desde que inició esta administración.

En fin, el secretario de Hacienda se puede dar el permiso de jugar con estos indicadores ante una audiencia legislativa que no repara en esos datos, siempre y cuando en sus oficinas, en las reuniones con sus expertos, sí tengan claro el tamaño del reto que enfrenta la economía mexicana por esa caída derivada de la combinación de la pandemia con la 4T.