Andrés Manuel López Obrador quiere encontrarle un nombre a su modelo político, económico y social que está imponiendo en México.

Caos, lo puede definir adecuadamente. Pero no es posible registrar como marca una palabra, frase, denominación o unidad figurativa del lenguaje corriente.

Así que, este domingo el Presidente de México usará la tribuna del Zócalo de la Ciudad de México, tras la marcha que le organizan sus subordinados, para lanzar el nombre de su modelo “teórico de país” que por supuesto quiere heredar en vida a quien le suceda en el cargo.

Y a partir de ese momento tendremos un elemento más de propaganda que habremos de repetir una y otra vez dentro de ese catálogo de ocurrencias que han conformado esa otra denominación propagandística que llamamos Cuarta Transformación.

La esencia del modelo lopezobradorista es el culto a su persona. Todo el trabajo de años del hoy Presidente de México ha girado en torno a ser el epicentro de un movimiento político opositor que lo encumbrara, que lo depositara en el poder en el que hoy está y después pudiera heredar a sus más fieles colaboradores para que lo siguieran como si se tratara de las sagradas escrituras. De eso va el modelo teórico que presentará en dos días.

En la práctica, en los resultados de las políticas de gobierno que ha emprendido la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, el fracaso es absoluto. La resiliencia de la economía mexicana y la amplia disponibilidad de recursos públicos le han dado margen para aceitar una forma de gobierno que está destinada al fracaso.

Pero ese es problema de la realidad. Lo que buscará a como dé lugar López Obrador es perpetuar su visión como forma de gobierno. Y este es el punto central de lo que a partir de este fin de semana empezará a ocurrir.

Se empiezan a precipitar los acontecimientos políticos que nos indican que lo que sigue es una fractura interna del movimiento del presidente López Obrador. Y cómo, desde el enorme poder presidencial, empezará sin tapujos a perfilar a aquellos que están dispuestos a asumir su modelo teórico de país como un mantra de la continuidad.

En esta semana que termina, el senador Ricardo Monreal puso un pie afuera del país y de Morena, y la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, sin importarle aquello de los actos anticipados de campaña, se destapó como aspirante a la presidencia de México.

Este domingo López Obrador va a heredar en vida el poder al ala más dura de sus colaboradores y el lugar que tendrá Sheinbaum Pardo va a ser evidente, llegando a lo descarado.

No hay manera de que ese modelo “teórico” de país de López Obrador sea sostenible en México durante el siguiente sexenio sin causar una crisis de enormes dimensiones. Eso es algo que hasta las corcholatas más sumisas tendrán que aprender.

Pero lo que más desea López Obrador es un lugar en la historia. Y para que ese lugar sea el que soñó, necesita que esa historia la escriban sus más fieles colaboradores. Por eso sus afanes de control electoral, por eso su marcha del domingo y por eso la forma como habrá de decantarse ya por el ala más dura de su equipo de gobierno.