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Para que México pudiera renovar en días pasados la línea de crédito flexible del Fondo Monetario Internacional (FMI) debió cumplir con una serie de requisitos que cualquier acreedor pediría a quien quisiera tener acceso a dinero prestado.

Si México no cumpliera con los estándares de estabilidad financiera mínimos indispensables, no habría forma de que pudiera contar con este tipo de instrumentos, que son como los seguros que contratamos en la familia: es mejor tenerlos y no usarlos.

El beneficiario es México, sobre todo ahora que las finanzas públicas han perdido holgura y que la loza de las empresas energéticas pende sobre la estabilidad financiera del país. Puede no estar lejos el día en que haya que usar esos recursos que ahora se ponen a disposición del gobierno federal.

Así que, si el FMI pone a disposición del país un salvavidas en caso de una emergencia financiera futura, pues bien valdría la pena guardar un poco la compostura con esas instituciones.

El trabajo que permite al FMI ratificar una línea contingente para México por 61,000 millones de dólares es totalmente técnico. Es producto de una negociación entre los expertos de la Secretaría de Hacienda y los del organismo internacional que intercambian la información pertinente para determinar montos, plazos, comisiones y tasas.

En términos políticos, el gobierno mexicano puede presumir que cuenta con ese respaldo que pocos tienen y que eso implica una diferencia hacia esta economía emergente. Mientras que el FMI puede argumentar que de esta manera procura la estabilidad en una economía de la importancia como la mexicana.

Hasta ahí habría una relación profesional, sana, institucional donde ambas partes ganan.

Así que, como dice el filósofo de Juárez, pero qué necesidad hay de pegarles a estos socios financieros para lucirse con la clientela político-electoral de la 4T.

Este gobierno emana de esos grupos que durante años abusaron de las palabras para desprestigiar la relación entre los gobiernos mexicanos y los organismos internacionales.

Ahora que son gobierno y que sacan provecho de la relación con esas mismas instancias, como el Fondo Monetario Internacional, deberían brindarles un poco de respeto.

Andrés Manuel López Obrador, el presidente de México, opta por mantener un discurso opositor, de confrontación con el FMI y el Banco Mundial a los que sigue responsabilizando de ordenar la entrega de los bienes del pueblo, de subir tarifas y bajar salarios. Hoy, al menos, debería presentar las pruebas de sus dichos.

Porque, a diferencia de cuando gritaba eso en sus mítines, hoy lo dice como el jefe del Ejecutivo de un país que obtiene beneficios de esos organismos a los que acusa de abusivos.

No es un grito en la plaza pública de los grupos rupturistas que acusan a los organismos del imperialismo de sacar provecho del pueblo bueno. Eso podría mantenerse como una anécdota en medio del trabajo técnico de un gobierno empeñado en obtener un beneficio.

Pero son las palabras del jefe de los negociadores de ese país socio. Eso no debe caer muy bien en aquellos organismos que mantienen una relación institucional con un país como México.

Se negoció con expertos de la SHCP

  • El trabajo que permite al FMI ratificar una línea contingente para México por 61,000 millones de dólares es totalmente técnico. Es producto de una negociación entre los expertos de la Secretaría de Hacienda y los del organismo internacional que intercambian la información pertinente para determinar montos, plazos, comisiones y tasas.
  • En términos políticos, el gobierno mexicano puede presumir que cuenta con ese respaldo que pocos tienen y que eso implica una diferencia hacia esta economía emergente. Mientras que el FMI puede argumentar que de esta manera procura la estabilidad en una economía de la importancia como la mexicana.
  • Andrés Manuel López Obrador, el presidente de México, opta por mantener un discurso opositor, de confrontación con el FMI y el Banco Mundial a los que sigue responsabilizando de ordenar la entrega de los bienes del pueblo, de subir tarifas y bajar salarios. Hoy, al menos, debería presentar las pruebas de sus dichos.