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Para fijar posición ante la ola de desconocimiento mundial a la dictadura de Maduro, el actual gobierno de México coincidió ayer con la del gobierno de Enrique Peña en marzo de 2017: “Un proceso de negociación incluyente y creíble entre todas las partes involucradas”.

Pero, en enero de 2018 aquel proceso impulsado por Peña fracasó porque Maduro solo ganó tiempo para preparar unas elecciones que ganó cuatro meses después, prohibiendo la competencia de candidatos opositores y la presencia de observadores internacionales.

Nuestro gobierno vuelve a proponer lo que desea Maduro: otro proceso de bla bla bla que le ayude a volver a ganar tiempo para dividir a la oposición y conseguir harina de maíz y otros víveres que contenten otra vez a sus clientelas, que solo lo apoyan por dádivas.

Aunque matizadísima, se entiende la posición de México con un aliado ideológico. Más: es de admirar. Porque no le importa colocarse junto a gobiernos de dudosa reputación en la defensa de la libertad: Rusia, Turquía, China, Osetia, Kosovo, Cuba…

Sí: matizadísima. Porque en los dos comunicados de ayer, da muchos rodeos para que no sea muy notorio su apoyo, amparado en la “no intervención”: una política que, por cierto, no le impidió antes a México condenar a Franco, Pinochet, Somoza, el Apartheid de Sudáfrica.

Como sea, su propuesta ya fue ejecutada antes por Peña y no funcionó, pues propició el asalto de Maduro al poder por la vía de la dictadura: otro balón de oxígeno, pues.

Lo que debería de impulsar México en la actualidad para Venezuela (incluso, ayudaría más a su aliado ideológico) es el comienzo de un proceso político que conduzca a unas elecciones libres y creíbles, de acuerdo con el orden constitucional anterior a la dictadura.

Además, nuestra Constitución ampara una posición más firme en favor de respeto a los derechos individuales, de empresa y movimiento en Venezuela: El artículo 89, inciso X, dice que la política exterior debe promover el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos.

Peor: el gobierno de la 4T comete un error de consideración política de primaria, cerrando filas con un dictador que va de salida y lo contrapone a sus dos socios comerciales más importantes en el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, que son de los más fuertes críticos de Maduro.

Porque solucione Cuba todo lo que solucione en el entorno de la diplomacia internacional para destrabar la crisis venezolana (Cuba es quien corta el bacalao en este contencioso) Maduro se tendrá que ir, pues ya su situación llegó a un punto de no retorno.

Y México, la potencia económica y política de Latinoamérica, quedará mal parado por sus titubeos, que lo dejarán en la orilla y…

Absolutamente rebasado.