Elecciones 2024
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Como si el horno estuviera para bollos, el presidente López Obrador saludó ayer con una siniestra ironía premonitoria:

“Buenos días. ¡Ánimo, porque lo mejor es lo peor que se va a poner…!”.

Y soltó una retumbante carcajada.

Cierto: aunque él no asuma su responsabilidad, todo pinta de la patada para los siete meses finales de su gestión, y más con el combustible de su discurso crecientemente rijoso que tanto parece divertirle.

Impensable que se disculpe y rectifique.

Echado para adelante, sigue exponiendo a periodistas dando a conocer lo que según él cobran en medios “al servicio de la oligarquía”, y se atreve a emplazarlos a revelar su patrimonio y lo que les pagan o a que delaten sus fuentes de información.

Lo que menos le preocupa es infringir leyes y políticas de protección de datos personales, al grado de cometer la ruindad de volver a balconear el número telefónico de la jefa de corresponsales del New York Times con la falsa coartada de la libertad:

“Como diría El Quijote: ‘La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos…’”, dice, y para defender la suya expresa y presume esta pifia:

“Miren lo que puse: ‘Por censura, YouTube nos bajó el video de la conferencia de prensa del jueves 22 de febrero, pues, según ellos, infringe las normas de la comunidad’. La libertad es sublime y no nos consultaron cuando se aprobaron esas normas (…), pero además es un asunto político, porque ni modo que esta norma se le aplique a nuestros adversarios si me mientan la madre, si se meten con mi familia, si me calumnian un día sí y el otro también. ¿Por qué no afectó las normas de la comunidad el periodista que hizo el reportaje (Tim Golden sobre su campaña de 2006) en donde supuestamente yo recibía dinero del narcotráfico? ¿No me afecta? O el New York Times (campaña de 2018)…”.

¿No entiende que el afectado es él, no “la comunidad”?

En defensa de su necedad, recuerda que “por eso digo que la Estatua de la Libertad se ha convertido en un símbolo vacío. Al principio pensé que la regresaran a Francia, pero mejor que nos la manden acá, porque nosotros vivimos en un país libre, verdaderamente libre”.

Le preguntaron si solicitó alguna revisión a la plataforma de YouTube.

 “Sí, quien me ayuda, Jessi (Jessica Ramírez, su directora de Comunicación Digital), que es extraordinaria, muy buena, que la quiero mucho, tiene alguna relación con los de YouTube, y entonces creo que le dijeron que si quitaba el teléfono podía subir de nuevo el texto; entonces, ella hizo eso, pero cuando yo me enteré le dije respetuosamente: ‘No, no, porque voy a volver a poner la carta que le enviaron a Jesús (Ramírez Cuevas, el vocero) para que vean el tono, el modito (…). No le hace que nos lo vuelvan a bajar, vamos a ponerla completa para que la gente sepa…”, alardeó.

Ante su insolente cretinismo, procede una corrección esencial a su saludo matinal:

No “lo mejor” de la cosa pública, sino lo pior, es lo peor que se va a poner…