La sangre que derramó el vaso

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Carlos MarínEl asalto a la razón

En deplorable coincidencia, el arribo de los reprimidos ayer coincidió con el amago de manifestantes de ingresar por la fuerza a la sede del congreso local

Por imposible que sea imaginar a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, o al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ordenar que la policía golpee a nadie, de la nariz de la alcaldesa electa en Miguel Hidalgo, Lía Limón, es la sangre que derrama el vaso de una majadera y pésima relación de la administración capitalina de Ciudad de México con los nueve inminentes titulares de las demarcaciones que perdió Morena.

En deplorable coincidencia, el arribo de los reprimidos ayer coincidió con el amago de manifestantes de ingresar por la fuerza a la sede del congreso local, eventualidad que no justifica pero explica lo sucedido.

Sospechosistas por sobradas razones, los alcaldes de oposición querían entregar un documento a los diputados y dialogar con ellos para evitar que modifiquen ordenamientos que entorpezcan o impidan su gestión al frente de las alcaldías.

El secretario de Gobierno, Martí Batres, negó que el ataque fuera deliberado: “Jamás se agrediría a ningún manifestante de ninguna fuerza política”, dijo, y no hay razones para no creerle.

Pero añadió una frase que carece de sentido y delata la animadversión del gobierno de Sheinbaum contra quienes gobernarán sobre más de cuatro y medio millones de capitalinos: “Creo que es un error de algunos alcaldes de oposición buscar la confrontación”, comentó, e informó que se establecerá una “mesa de trabajo” entre los alcaldes y la jefa de Gobierno a partir del 2 de septiembre.

El suceso viene precedido del despreciativo y sistemático maltrato a los electos desde que éstos recibieron las constancias de mayoría después de las elecciones del 6 de junio y la negativa de Sheinbaum a recibirlos. Los opositores reclaman que solo se contemple un mes para la transición entre las administraciones entrantes y salientes, procedimiento que ocurría en cuanto los funcionarios electos recibían sus constancias.

Eso genera un retraso que puede afectar a los vecinos de las demarcaciones porque la tardanza priva a los alcaldes electos de información clave sobre los trabajadores de cada demarcación (entre dos y tres mil), las direcciones generales de cada una (ocho), el estado que guarda y los pendientes en materia de seguridad y obras públicas.

Para los agraviados, la renuencia de Sheinbaum a recibirlos contrasta con el trato que el presidente López Obrador dio a los gobernadores electos de la oposición, con quienes conversó en Palacio Nacional poco después de recibir sus constancias.

Respecto del retraso en la transición, la jefa de Gobierno ha intentado justificarlo argumentando un empalme entre la Ley de Alcaldías y la Constitución de CdMx relativo a los tiempos para la toma de posesión: “La Constitución establecía que el día que entran los nuevos alcaldes es el 1 de octubre, y la Ley de Alcaldías establecía el 1 de septiembre. Entonces, el Congreso de la capital unificó al 1 de octubre”, arguye. ¿Y qué tiene que ver eso con la elemental decencia, aunque se le atraviesen, de siquiera saludarlos…?

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