Con verificable respeto antes que nada, Ricardo Monreal hace saber en qué y por qué difiere de algunas de las más trascendentales definiciones del presidente López Obrador.

Lacayunos en cambio, quienes celebran y respaldan cuanto AMLO dice y hace, traicionan tanto a él como la legalidad y evidencian que, de no ser incondicionales y lamesuelas, nada son.

En temas tan relevantes como la descocada embestida contra la UNAM por su dizque “derechización”; la sucia y fallida persecución ministerial a una treintena de científicos del Conacyt, pero sobre todo frente a la corcholatización de los preferidos de AMLO, el senador no ha dejado de expresar sus desacuerdos.

Fiel pero no ciego, en todo momento ha sido congruente con el movimiento en que participa desde hace 25 años y en su historial está el haber sacado adelante la totalidad (27-28) de reformas constitucionales promovidas por su olvidadizo ex amigo.

Otra más, la que no alcanzó a nacer por lo imposible de superar dos tercios del Congreso (insuficiencia de legisladores serviles), pero cuya esencia violatoria de la Constitución AMLO coló por el atajo de parchar leyes secundarias es el endoso al Ejército de la Guardia Nacional, que no fue respaldado por quien se convirtió en el más incómodo compañero de viaje de la 4T.

Su argumento, dicho cuando aún era oportuno, fue simple: hasta un estudiante inicial de Derecho entendería que ninguna ley secundaria está por encima de la Constitución, y que lo procedente sería impulsar la reforma de la misma.

Pudiendo votar contra los alevosos remiendos, Monreal se abstuvo, pero esto le costó uno de los más infieles e ingratos comentarios de AMLO. Se le chisporroteó cuando uno de sus subordinados, el siervo de apellido Arzate (del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, Canal 14), hizo este ruin planteamiento en la mañanera del viernes: “Una de esas abstenciones fue la del senador Ricardo Monreal, quien también en estos días, hace poco, se habló que presuntamente buscó negociar con la oposición la dirección de la Mesa Directiva en el Senado (…) ¿Qué opinión le merece…?”. El Presidente respondió:

“No estoy de acuerdo, desde luego, con su postura, porque está avalando la falsedad, la hipocresía y la politiquería del conservadurismo de México…”.

La flamígera descalificación es por completo inmerecida. No se requiere ser falso, hipócrita, politiquero ni conservador si se sabe leer y entender que la Constitución ordena de manera explícita que la GN sea una policía civil a cargo de una secretaría de Estado igualmente civil. Monreal no acusó recibo explícito del ataque, pero dos días después terqueó en su principal empeño, advirtiendo que seguirá buscando la candidatura por Morena para el 24, “hasta el límite de nuestras fuerzas y nuestra dignidad…”.

Fuera de abstracciones, generalidades y calumnias, aprovechando que su pecho “no es bodega”, AMLO debiera decir con toda honradez cuál fue el agravio y qué diablos le está cobrando al senador…