Aerorreventones en el presidencial

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Carlos MarínEl asalto a la razón

Solo 12 entregaron la información solicitada, 11 reunieron los requisitos y quedaron seis propuestas potenciales, una sola recomendada por la ONU, que nunca se concretó)

Aunque “en una postura institucional”, Aeroméxico dijo que “ayudará en los esfuerzos que resulten convenientes” para ofrecer aerobodas en el salado avión presidencial, es improbable que la idea se realice, entre otras razones por el riesgo de que novios, padrinos, invitados y tripulación terminen tan mal como todas las víctimas de cualquier avionazo.

De los declarativos “esfuerzos” dio la nota el periodista Alejandro Domínguez en su noticiario de MILENIO televisión el miércoles de la semana pasada, al presentar una reseña detallada del mal fario que acompaña los empeños por deshacerse del célebre TP01, cuyo estado es parecido al de quien goza de cabal salud pero vegeta en coma inducido.

López Obrador dijo que tal vez Aeroméxico y Delta Airlines lo renten “para viajes ejecutivos o fiestas” de bodas (como las que se hacen en el Caribe, ejemplificó), cuando lo normal es que el consumo de alcohol deje una estela de borrachos.

“Hoy sabemos más detalles” —dijo Alejandro— de la reunión que sostuvieron directivos de las aerolíneas con el Presidente para participarle de un solo tema: la reestructura financiera de Aeroméxico, y ahí surgió la temeraria propuesta. Domínguez informó que lo de vender el presidencial es algo que se intentó desde 2015, antes de que la aeronave fuera entregada.

Se encargó un estudio y “el analista senior de valuaciones de la Ascend FlighGlobal Consultancy, Daniel Hall, concluyó que la venta sería difícil, pues se trataba de una aeronave personalizada” que, de venderse, “generaría pérdidas importantes”. Cuando AMLO ganó la elección en 2018, el reportero contactó a Hall, quien “me dijo que el mercado seguía siendo muy reducido” y que sus previsiones de tres años antes no tenían cambios representativos El caso es que el “avión no se vende, no se usa, pero se sigue pagando”. Banobras —recordó— lo compró en 2012 mediante contrato de arrendamiento a 15 años (finaliza en 2027) con el Ejército.

Cada año, la Sedena paga intereses y deuda. En 2020 se habían cubierto mil 800 millones, restando dos mil 200 (más IVA). Pese a que la Sedena contemplaba pagos anuales por casi 460 millones de pesos en 2021, 2022 y 2023 y mil 546 millones de 2024 a 2027, la esperanza de mercarlo sigue viva. En 2019 se intentó la venta con la ONU, cuya Oficina de Proyectos valuó el aparato en 130 millones de dólares. Hubo 42 cartas de interés (de “una tribu india, el magnate Ronald Burkle, Qatar Airways…”).

Solo 12 entregaron la información solicitada, 11 reunieron los requisitos y quedaron seis propuestas potenciales, una sola recomendada por la ONU, que nunca se concretó). Vino en 2020 la rifa del no avión. En julio dijeron que había dos ofertas (una de 120 millones de dólares-cash y equipo médico, y hasta se dijo que había ya un anticipo), ninguna prosperó. AMLO propuso en febrero que lo compraran empresarios y aventuró rentarlo a 250 mil pesos la hora de vuelo. Resumiendo, “la venta no se concreta, pero las ideas de qué hacer con él no se agotan”, concluyó Alejandro.

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