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Detrás de ese hombre pausado y aparentemente tranquilo hay un férreo opositor al libre comercio. Wilbur Ross es un viejo lobo de mar en eso de los negocios y ahora está al frente de la oficina de comercio del ideático Donald Trump.

La realidad es que entre las expectativas que generaron su llegada al Departamento de Comercio y sus primeras declaraciones hay un abismo. De hecho, coqueteó con México y con su moneda y adelantó que no le iría tan mal a nuestro país en una renegociación del acuerdo comercial.

Hay que esperar ahora a que esas declaraciones se puedan convertir en realidad y ese es un tramo muy lejano.

Por lo pronto, hay que empezar a aprender las definiciones que hacen los estadounidenses en materia comercial. Por ejemplo, es importante que el gobierno de Donald Trump use, por ahora, el verbo renegociar para referirse al acuerdo, antes que reventar, cancelar, denunciar, o cualquier cosa que se refiera a terminar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Hay algunos conceptos retóricos con los que habrá que lidiar, como aquel de la segunda letra F que le quieren poner al acuerdo por aquello del comercio justo (fair trade). Porque está claro que ellos le llaman comercio justo a aquel donde ellos ganen. En fin.

Pero hay otra definición en camino que será determinante. Por lo pronto, Ross dice que su gobierno no ha decidido si el acuerdo comercial se mantendrá tripartito o bien darán paso a acuerdos bilaterales.

Desde la campaña, Donald Trump habló de acuerdos bilaterales, nada donde participen múltiples partes. Y la verdad es que si algo no se le puede regatear al presidente de Estados Unidos es el cumplimento de sus amenazas de campaña.

Pero en ese cambio hacia una aparente sensatez parece que podrían mantener el carácter tripartido del TLCAN.

Si esto es verdad, si existe alguna posibilidad de que el acuerdo incluya a México y a Canadá en igualdad de circunstancias, podríamos tener un acuerdo más positivo de lo que esperamos.

Si Canadá se queda en el TLCAN, hay buenas expectativas. Si las negociaciones son tripartitas y con el texto original de punto de partida, hay amplias posibilidades de éxito.

En ese escenario, que parece un sueño imposible cuando una de las piezas es Donald Trump, estaríamos ante un acuerdo reforzado en materia de reglas de origen, un acuerdo que incluso podría obligar a mejorar los ingresos en ciertos sectores y que debería permitir un acceso más libre a productos de consumo de todos los socios comerciales.

Estados Unidos, en ese sueño tripartito, no querría que le vendiéramos menos, sino que le compráramos más. Ya sea bienes de capital, intermedios o terminados.

En un acuerdo bilateral, habría un claro trato diferenciado para los canadienses y otra medida para los mexicanos.

Por lo tanto, el gobierno de Ottawa puede marcar la diferencia si tan sólo insiste un poco en mantener el carácter trilateral del acuerdo. Aunque ya vimos que Canadá está más en el plan de salvar su propio pellejo comercial, algo por lo que no podemos condenarlos a la luz de la rudeza del gobierno de Trump.