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El impacto en el tipo de cambio es el primer efecto; lo más grave sería el impulso que dará al proteccionismo en Estados Unidos.

El tipo de cambio superará pronto la marca de los 20 pesos por dólar. No hace falta que los británicos le digan adiós a la zona europea. Los días que faltan para el referéndum incrementarán la tensión y pondrán a bailar a los mercados. Los inversionistas globales buscarán refugio, venderán pesos para comprar dólares y presionarán el tipo de cambio. El Banco de México subirá tasas y la Comisión de Cambios intervendrá para frenar la depreciación del peso, pero será difícil que consigan algo. ¿Les preocupa esto? Tienen razón, hay algo más preocupante: El ultranacionalismo económico está de regreso y podría dañar nuestra relación con Estados Unidos. El Brexit es la manifestación de un fenómeno que trasciende Gran Bretaña.

Los partidarios de la salida de Gran Bretaña de la zona europea esgrimen argumentos que se parecen mucho a los de Donald Trump en Estados Unidos y Marine Le Pen en Francia. Estaríamos mejor solos, dicen: la integración económica y el libre comercio ha destruido empleos y ha golpeado a regiones enteras. No se preocupan por hacer cuentas para poner en la balanza los empleos creados y el florecimiento de otras regiones.

Quien dice que el Brexit no ocurrirá porque es una locura, debería revisar su postura. Hay momentos en los que lo irracional se vuelve más probable que lo racional. Éste es uno de ellos. Los partidarios de la salida de Gran Bretaña de la eurozona saben que esta decisión implicará un costo económico equivalente a 6.5% del PIB en una década. Están conscientes de que se perderán miles de empleos financieros bien remunerados, pero ellos no están para recibir lecciones de economía. Van a votar con el hígado. Quieren reivindicar el carácter insular de Gran Bretaña, cerrar la puerta a la migración y poner límites a la injerencia de la burocracia europea. Quizá sepan que los efectos económicos positivos de la migración son mayores que los negativos, pero no les importa.

El triunfo del Brexit sería el principio del fin de la Unión Europea como la conocemos. Provocaría una renegociación especial con Gran Bretaña, que podría durar hasta dos años. Adicionalmente, pondrá presión en los 27 países que se quedan. ¿Quién sería el siguiente? La opinión pública vive un euroescepticismo creciente. Los ojos están puestos en países ricos como Holanda, donde la población resiente la transferencia de recursos para el rescate de países como Grecia.

Las repercusiones trascenderían Europa. ¿Qué pasará con EU? Un triunfo del Brexit daría fuerza a los adversarios del libre comercio, en un momento político muy delicado. No es sólo Trump, también Hillary Clinton. Sus discursos rebosan proteccionismo. Es real el riesgo de que EU ponga a revisión los acuerdos comerciales. No sólo es el acuerdo Transpacífico, sino también el TLCAN.

El Brexit es muy peligroso para México porque significa turbulencias cambiarias de corto plazo y riesgos en el mediano plazo para nuestro proyecto de vinculación económica con Estados Unidos. No menosprecien la retórica de las campañas políticas. El 2016 no es 1992. Entonces, Bill Clinton criticó como candidato el TLCAN, mientras que como presidente le dio el apoyo necesario. En esos tiempos, la Unión Europea se encontraba en fase creciente. El viento soplaba en favor de la apertura económica y las alianzas regionales. Ahora, los tambores suenan en tono de guerra comercial.

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