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Lo primero que debería reafirmar hoy la Junta de Gobierno del Banco de México al momento de dar a conocer su decisión de política monetaria, es su compromiso irrenunciable de ser un organismo autónomo, totalmente independiente del poder político y que sus decisiones se basan en un análisis técnico y que no tiene influencia alguna del Poder Ejecutivo o de cualquier otro agente externo al banco central.

Por supuesto que todo esto está escrito con los términos legales pertinentes en la propia Ley del Banco de México, pero hace falta que esa importantísima pieza de la vida económico-financiera del país no deje dudas, sobre todo después de la lamentable fotografía con Andy.

Es verdad que muchos no la tienen identificada, que en aquel episodio de cómo un grupo de políticos de Morena ignoró a la presidenta Claudia Sheinbaum, cuando pasaba detrás de ellos por tomarse una foto con el hijo del expresidente López Obrador, pocos recuerdan que en ese grupo estaba la gobernadora del Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja.

Pero los que la vieron y entienden que el valor más grande que tiene el Banco de México es su autonomía tienen claro que no debió estar ahí, ni en la foto con Andy, ni en el mitin partidista de aquel domingo en la Plaza de la Constitución.

El mercado ya descuenta que hoy se anunciará una baja de otros 50 puntos base en la tasa interbancaria de referencia para ubicarla en 9% y lo hacen con la certeza de que tanto Rodríguez Ceja, como Omar Mejía serán fieles defensores de esa baja.

José Gabriel Cuadra, el nuevo en la Junta de Gobierno, lleva una sola votación y debe todavía marcar estilo y Galia Borja ha mostrado un poco más de prudencia, aunque ya respaldó la disminución pasada de medio punto porcentual.

El mercado espera, porque sí lo espera, cuáles son las consideraciones del subgobernador Jonathan Heath, quien está totalmente casado con el mandato único del banco central mexicano y ha sido renuente a relajar tan rápido la política monetaria.

Mientras todos esgriman razones técnicas, como expertos que son, está muy bien. Pero nadie puede dejar dudas de alguna influencia política en su decisión.

Porque, es verdad que hoy es una mayoría la que aprecia que existen las condiciones para una nueva baja en la tasa de interés, por su nivel tan alto, por el regreso de la inflación a una senda de baja y por las propias condiciones adversas de la economía mexicana.

Pero la voz del Banco de México tiene que ser fuerte, creíble, aun en estos momentos en los que parece obvia una decisión de política monetaria.

La autonomía y la independencia de los integrantes de la Junta de Gobierno tiene que ubicarlos en el pedestal de autoridad, única e indiscutible, en materia de política monetaria.

No puede haber ninguna duda de su independencia, no puede haber cuestionamientos sobre alguna posible influencia política, mucho menos partidista.

Se trata del Banco de México, piedra fundamental de la estabilidad inflacionaria que se logró sólo hasta que lograron ese funcionamiento separado del poder presidencial y es el último bastión de las autonomías en un régimen al que claramente le gusta tener todo el poder.