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Al ausentarse Sheinbaum hoy de la Cumbre de las Américas en apoyo a Nicaragua, Venezuela y Cuba, regala al presidente de Brasil, Lula, el papel de bisagra en las negociaciones continentales que siempre tuvo México.

Lula, que sí va a los eventos mundiales, tuvo acuerdos con Trump en Malasia la semana pasada, en plena escalada de EU contra Maduro, aliado de Lula y Sheinbaum: ojo, es el punto de mayor tensión en el continente desde la Crisis de los Misiles de 1963.

Lula toma la batuta de la negociación de Trump con los regímenes de extrema izquierda en el continente: batuta que tuvo México desde 1962, cuando fue el único país que votó contra la exclusión de Cuba de la OEA.

México vendió aquella postura como muestra de “independencia” ante EU, pero, a sugerencia de Brasil, hubo un pacto secreto entre México y EU para mantener al menos un canal con La Habana.

El entonces presidente Johnson, dijo al entonces presidente López Mateos que se sentía relajado ante el hecho de que México mantuviera embajada en La Habana. “Eso es bueno”, le dijo a su secretario de Estado, Dean Rusk, uno de los artífices del acuerdo.

Desde 1962 hasta 2018, la relación de México con Cuba fue siempre como juego geopolítico de ganar ganar, en su función de bisagra, con la cual resolvió la paz en Centroamérica en los ochentas, y la crisis de los Balseros en Cuba, en los noventas.

Desde aquella posición de bisagra, México ayudó a que la isla y Washington la llevaran lo mejor posible, durante los periodos de casi todos los mandatarios estadounidenses, desde Kennedy hasta Obama, pasando por Reagan, Bush y Clinton.

Un registro notable fue en 1994, con la solución de la Crisis de los Balseros, cuando Clinton iba por un bloqueo naval a la isla, con las consecuencias desastrosas que habría provocado en la región, pues ya Cuba había tumbado dos avionetas civiles de Estados Unidos.

Clinton advirtió: “Castro me hizo perder una reelección (Arkansas 1982); no me hará perder otra”. Se refería los motines de presos cubanos (mandados por Fidel Castro en el éxodo de Mariel) que incendiaron Arkansas y hundieron su gestión como gobernador.

Fidel Castro le escribió al presidente Carlos Salinas: “Ojalá usted pueda convencer a nuestro ya casi común amigo…”, en referencia a Clinton. Salinas lo consiguió. Resolvió la crisis y Estados Unidos quedó obligado a otorgar 20 mil visas a cubanos por año.

Hoy, en cambio, la política de la 4T hacia Cuba es de subordinación (y la extiende a los satélites cubanos Venezuela y Nicaragua), y no de bisagra para lograr, por ejemplo, el fin del embargo de EU a Cuba.

Lula les comió el mandado.